¿Un observatorio astronómico prehistórico en Santa Comba?
Julio César Grandal Doce
Lo relatado aquí es producto del descubrimiento que realicé en febrero del 2019 en el área conocida como “O Pedrouzo”, en concreto del hallazgo de la primera de las cruces talladas en las rocas de este lugar, y las “extrañas piedras” que se encuentran dispersas sobre el terreno en el flanco oeste y sur de este promontorio, además de una desconocida particularidad de la barca de piedra de Santa Comba, con la que empezaré este relato.
Debido a que vivo en Barcelona, aunque soy oriundo de Ferrol, la toma de datos y cualquier tipo de investigación que quisiera realizar al respecto, se vio restringida a los períodos vacacionales. Hubiera sido de mi agrado haber tenido más tiempo para recopilar más información con el fin de realizar un relato más completo y exhaustivo. Creo que, de no haberme animado José López Hermida, presidente de la Sociedade Cultural Columba, a escribir este artículo, seguramente hubieran pasado unos cuantos años más hasta decidirme a escribir algo. También influyó el hecho de que otros autores, como Xabier Monteiro Graña, se atrevieran a escribir acerca de este asunto unos meses atrás. Pensé entonces, que quizá había llegado el momento de que muchas de aquellas cosas descubiertas por mí cuatro años antes, que todavía se desconocen en la actualidad, debían de ser mostradas y explicadas.


Y todo esto, hay que reseñarlo bien, de alguien que no deja de ser un mero aficionado al que si algo no le falta es curiosidad y pasión. Ya sabemos que a veces la pasión y lo amateur pueden tener resultados contraproducentes, pero en todo caso menos catastróficos que lo tiene la combinación de lo profesional y la postración. Digo esto, pensando ahora en todos esos amigos aficionados que en solo un año han descubierto por ejemplo decenas de petroglifos en una Galicia donde el valor patrimonial parece no tener demasiado valor.
Quiero empezar este artículo desde el principio, y seguramente el principio no sea otro que preguntarse el cómo llegué aquí y por qué me puse a buscar. José López Hermida, me lo preguntó intrigado más de una vez. No todo se puede contar, pero en parte la historia comenzó así:
Llegué a Santa Comba, siguiendo mi fascinación por el santuario de San Andrés de Teixido, situado un poco más al norte, apenas a unos 30 kilómetros siguiendo la línea de costa. Según las leyendas, los dos santos, tanto San Andrés como Santa Comba habían llegado en unas misteriosas barcas de piedra. En el caso de Teixido, la supuesta barca es un pequeño islote situado cerca del santuario. Sin embargo, la barca de Santa Comba, existe realmente. Se trata de una pía pétrea con forma de barca situada en la zona sur de uno de los tres islotes que se encuentran en el lugar.
Las historias de estos santos, están vinculadas con divinidades precristianas, seguramente relacionadas con cultos funerarios donde los elementos simbólicos de la barca y la piedra están asociados al viaje del alma de los fallecidos a una supuesta morada de los muertos ubicada en un Más Allá, situada en algún lugar del Atlántico.
En su magnífico libro Santos e barcas de pedra, el autor gallego Fernando Alonso Romero, recoge toda esta cosmovisión de los pueblos celtas habitantes de los finisterres atlánticos, fruto de su tesis doctoral sobre las antiguas relaciones entre Galicia y las Islas Británicas. Si algo caracterizaba a los celtas era su irrenunciable convicción de que los muertos vivían en un Mas Allá igual de real que el mundo que habitaban los vivos.
Un claro ejemplo de ello lo tenemos en San Andrés de Teixido, puerto de partida de los muertos cara al Otro Mundo. Hasta los años setenta del siglo pasado, todavía pervivía la tradición de acudir a los cementerios a “buscar” a algún familiar difunto para guiarlo en su camino hacia el santuario de San Andrés de Teixido. Como el mito de Orfeo, se entablaba un viaje simbólico en el transcurso del cual el guía podía hablar al muerto dándole consignas para que no se extraviase, pero no podía jamás mirar hacia atrás. En los buses que acudían al santuario el vivo pagaba incluso el billete del muerto al que acompañaba. Una vez el vivo y el muerto se bajaban del autobús, lo primero que hacía el guía era buscar uno de los abundantes mendigos que merodeaban el santuario con la intención de invitarlo a comer, de tal modo que el alma del fallecido tomase el cuerpo material del mendigo, comportamiento que se define con el fantástico término de psicopompo. Desde luego una historia fascinante, preservada a lo largo de los siglos, que la modernidad ha sepultado para siempre. Historias que a oídos de nuestro tiempo, parecen más bien cuentos de un pasado legendario respecto a la realidad incuestionable y necesaria que fue para el mundo rural gallego.

Contaba mi padre, en relación a la ermita de Santa Comba, que en sus tiempos mozos gentes de su aldea iban en procesión recorriendo varios kilómetros a lo largo de toda aquella vertiente costera y borrascosa que se extendía desde el valle interior donde habitaban, hasta aquellos islotes ubicados a pleno golpe de mar. Y como todos ellos, en pleno siglo XX, pero empujados por una profunda y antiquísima devoción pagana, se ponían a media noche a dar el número mágico de nueve vueltas alrededor de la ermita, con una finalidad que ya no recuerdo.
No es poco común que, al contar esta historia, la gente extraiga de mis palabras la imagen de una banda de paletos con boina a medio camino entre la superstición y la psicosis. Pero la verdad es que lo que todas aquellas gentes estaban representando no era otra cosa que el mismo ritual que los míticos celtas habían hecho mucho tiempo atrás.
Sabemos a través de los historiadores romanos que estos rituales se centraban en aspectos como la salud o la fertilidad, y consistían en una circunvalación alrededor de un objeto de culto. Además de existir en Galicia, fueron frecuentes hasta épocas recientes también en Irlanda y las Islas Británicas. Aunque lo más fascinante de todo es su antigüedad, que queda atestiguada por su proliferación en otros lugares tan distintos y lejanos: los hindúes siguen realizando este tipo de ritual en sus santuarios; y los árabes, tras peregrinar a la ciudad santa de La Meca, giran en torno a la piedra sagrada de la Kaaba.
Después de escuchar a mi padre ocurría lo mismo que con las buenas novelas, que la historia tenía un gancho que te atrapaba para continuar leyendo. El problema es que como no había nada más escrito, tenía que volver de nuevo a aquel islote desierto, yo solo, con la única compañía del viento del Nordés, imaginándome a todas aquellas gentes antiguas dando vueltas en torno a la ermita.
Me pareció muy curioso aquel movimiento circular en el sentido de las agujas del reloj, coincidiendo con aquel hálito del universo que hacía desplazar los astros de este a oeste en el cielo. Tuve en aquel momento la corazonada de que en aquel lugar quedaban todavía muchas cosas por descubrir.
Me resulta llamativa la aversión que muchos arqueólogos tienen por la arqueoastronomía. Es inevitable, aún en los tiempos desacralizados actuales, no maravillarse cuando uno levanta la cabeza y observa el universo. Solo hay que estar dotado de una mínima sensibilidad para comprender que el inmenso cielo estrellado era el internet de los antiguos, donde el sol y la luna eran relojes exactos que marcaban el complejo transcurso del tiempo, y que todo lo que se derivó de ello, lo práctico y lo simbólico, conformaron la columna vertebral de esas primeras civilizaciones humanas de las que procedemos.
Viene a cuento todo esto, porque después de haber pasado tanto historiador y arqueólogo por aquel islote, me llama la atención que nadie se hubiese preguntado si aquella barca de piedra podría estar dirigida o apuntando hacia algo. Fue solo mi intuición, lo que un buen día me llevó una vez más ante aquella barca de piedra. Recuerdo que levanté la vista al mar, hacia aquel lejano horizonte al cual apuntaba la proa de la barca de piedra. Saqué el teléfono móvil de mi bolsillo, abrí la aplicación de brújula y medí aquel punto del atlántico hacia donde apuntaba la proa de la barca. Trescientos y poco grados. Un número mágico que me puso la piel de gallina.
De vuelta a casa, me puse a trabajar con un programa informático que te permite conocer el posicionamiento de cualquier astro del universo desde cualquier ubicación del planeta y aplicable a cualquier fecha de tiempo. Introduje las coordenadas de Santa Comba: 43º33’31”N y 8º16’56”W. Fui a lo más simple y evidente y busqué los movimientos del sol. Entonces apareció algo muy interesante. En el solsticio de verano, el sol se ocultaba en aquella latitud donde está ubicada Santa Comba, justamente en el azimut de 303 grados, casi o lo mismo que yo había medido in situ con la brújula.
Para buscar más exactitud en la medida del azimut hacia el que estaba orientada la barca, me encontré finalmente con el software de Google Earth Pro, que te permitía obtener con gran precisión este tipo de datos. Los resultados fueron concluyentes: el eje longitudinal de la barca formaba un ángulo de 303º respecto al norte, es decir, en el solsticio de verano el sol se sumergía en el mar en el punto exacto hacia el cual estaba orientada la proa de la barca.


Es importante reseñar el hecho de que la leyenda narra la imposibilidad de mover la barca de su ubicación y cómo las numerosas veces que se intentó, solo se consiguió hundirla todavía más en su emplazamiento actual. A raíz de los datos obtenidos, queda claro, como ocurre en tantas ocasiones, que la leyenda estaba reflejando una realidad histórica, pues la probabilidad de haber colocado al azar la barca en esa dirección tan especial es prácticamente despreciable.
El hecho de que resida en Barcelona y no en mi ciudad de origen de Ferrol, los días nublados, también la circunstancia de que para acceder al islote solo se puede hacer en bajamar…, todo este cruce de circunstancias, no me han permitido todavía a día de hoy, en pleno año 2023, fotografiar este alineamiento, el cual descubrí en el verano del 2018. Lo más cercano que estuve de ello, fue el 4 de junio del 2021 y quedó reflejado en la siguiente fotografía.

El sol estaba todavía ligeramente elevado sobre el horizonte y no pude aguardar su inmersión en el mar porque la marea estaba ya bastante alta y corría el riesgo de tener que salir de allí nadando. El hecho de que faltasen todavía más de dos semanas para alcanzar el solsticio de verano, implicaba que el sol se ocultase en el horizonte un poco a la izquierda respecto a la orientación de la barca. En total, con la implicación de todos estos factores, teníamos un desfase de 5º, que es la diferencia entre la posición del sol y la dirección que apunta la barca.

Sobra decir que tras aquel descubrimiento, lo primero que hacía al regresar a Ferrol era acudir a Santa Comba azuzado por el entusiasmo y la curiosidad, con la esperanza de seguir descubriendo “algo” en los rincones olvidados de la historia de aquel islote. Y fue así como el 28 de febrero del 2019, unos pocos días antes de que se levantase esa especie de apocalipsis producido por la pandemia del Covid que tanto cambió nuestras vidas, estando frente a la barca de Santa Comba, y haciendo un barrido visual de la geografía del lugar, me percaté de algo peculiar. Gran parte del terreno que ocupaba la zona continental había ardido. Los tojos que colmaban la zona densamente haciéndola intransitable, habían sido calcinados, quedando toda aquella extensión del terreno yerma.

Magnitude: -26.71 (reduced to -21.75 by 39.75 Airmasses)
Type: star
Absolute Magnitude: 4.83
RA/Dec (J2000.0): 6h01m41.515/+23°26'03.8"
RA/Dec (on date): 6h02m44.64s/+23°25'52.0"
HA/Dec: 7h39m22.72s/+23°51'16.8" (apparent)
Az./Alt .: +303°54'30.2"/+0°00'44.6" (apparent)
Gal. long./lat .: -173°25'51.2"/+0°18'51.8"
Supergal. long./lat .: +7°44'15.2"/-48°44'37.9"
Ecl. long./lat. (J2000.0): +90°23'17.0"/-0°00'15.6"
Ecl. long./lat. (on date): +90°37'45.9"/-0°00'07.4"
Ecliptic obliquity (on date): +23°26'04.8"
Mean Sidereal Time: 13h43m44.5s
Apparent Sidereal Time: 13h43m43.9s
Rise: 6h50m
Transit: 14h34m
Set: 22h18m
Daytime: 15h28m
Parallactic Angle: +41*07'02.0"
IAU Constellation: Gem
Hourly motion: +0°02'25" towards 90.5°
Hourly motion: da=+0°02'38" do=0"00'01"
Distance: 1.016 AU (152.038 M km)
Light Lime: 0h08m27.1s
Sidereal perlodV1,00 days (0.003 a)
Apparent diameter: +0°31'28.47"
Diameter: 1392000.0 km
Sidereal day: 654h36m35.9s
Equatorial rotation velocity: 1.856 km/s
Me llamó la atención una elevación del terreno en cuya cúspide destacaba un afloramiento rocoso. Me acerqué al lugar y pude ver muchas rocas que habían sido modificadas por la acción de algún tipo de cantería. Por aquel entonces no lo sabía, pero posteriormente supe que aquel lugar era conocido como “ O Pedrouzo”. Después de haber estado tanto tiempo sepultado por la espesa mata de tojo ahora se entendía el porqué del nombre del lugar.
Aunque, sin duda, el hecho reseñable de aquel día fue la cruz que encontré grabada en una de aquellas rocas. Puse aquel descubrimiento en conocimiento de José Lopez Hermida. Conocía la labor que había realizado por el interés histórico de aquel lugar años atrás y consideré que debía ser el primero en conocer aquello. Volví a Ferrol y meses después fueron apareciendo varias cruces más hasta sumar un total de cuatro.


Más abajo del promontorio donde estaba la cruz, en la amplia explanada ahora convertida en pasto para las vacas, me llamó la atención una serie de rocas con formas similares que yacían tumbadas sobre el terreno calcinado.
Por alguna extraña razón, estas rocas, que habían sido extraídas del promontorio rocoso de O Pedrouzo, fueron desplazadas unos doscientos metros más abajo, quedando muy cercanas unas a otras, mientras que en toda la zona circundante existía una total ausencia de ellas, exceptuando alguna que de forma aislada salpicaba el terreno. Además, algunas de estas rocas, que podemos ver en las siguientes imágenes, con formas muy similares entre sí, tenían la peculiaridad de que parte de la propia roca había sido extraída, como si se hubiese tenido la intención de eliminar algún tipo de grabado o elemento relevante existentes en ellas.

En junio del 2021, ante el temor de que la vegetación de la zona volviese a crecer y pudiese terminar sepultando aquellas rocas “especiales” y también aquellas otras donde se habían encontrados los grabados cruciformes, decidí alquilar un GPS topográfico de alta precisión, para geolocalizar sus ubicaciones exactas y poderlas plasmar en un mapa de tal modo que pudiesen volver a ser localizadas en caso de que la vegetación se desmadrase como antaño, convirtiendo aquella zona en un territorio infranqueable.
Medí el contorno de estas piedras con un margen de error del GPS de solo un par de centímetros. Lo sorprendente aconteció cuando volqué estos datos en el ordenador y pude ver que las piedras presentaban unas claras alineaciones entre ellas. Lógicamente en un conglomerando de puntos, podemos hacer múltiples alineaciones tomando dos de ellos al azar, pero en este caso se trataba solo de siete objetos estableciendo una alineación entre cuatro de ellos y entre tres como podemos ver en la siguiente imagen:

Analizando dichas orientaciones pude comprobar que las piedras uno, dos, tres y cuatro estaban alineadas hacia el ocaso del sol en el solsticio de verano, con un azimut de 303º sobre el horizonte del mar, igual que lo está la barca de Santa Comba.

Por otra parte, las piedras seis, dos y cinco, se encontraban orientadas con un azimut aproximado de 60º, hacia lo alto del monte de Campelo. Hay que aclarar que en la salida del sol del solsticio de verano, éste sale por un azimut de 56º ubicado en el horizonte del mar. Sin embargo, esta alineación al estar orientada al alto de un monte que tiene una elevación aproximada de 2º, la salida del sol aparece más a la derecha sobre el promontorio en el citado azimut de 60º.

De todos modos todos estos datos deberían de ser afinados y comprobados, utilizando un dispositivo de alta precisión para la medición de los ángulos de elevación de la orografía circundante, así como realizando una excavación profesional del lugar, para poder precisar, si fuera posible, la ubicación exacta de la base de estas piedras que antiguamente se encontraban en una posición vertical sobre el terreno.
Otra cuestión interesante surgió cuando me percaté de que cuatro de esas piedras (1, 4, 6 y 7) podían integrase perfectamente dentro de un mismo círculo. La posibilidad de que esto fuese producto del azar parecía una vez más bastante improbable.
Otra cosa que llamó mi atención fue que las piedras 1, 2 y 3, se encontraban equidistantes unas de otras en torno a los 2,2-2,3 m. Para mi sorpresa, si creábamos círculos concéntricos tomando como referencia el centro del círculo formado por las piedras 1, 4, 6 y 7, separando los anillos concéntricos en torno a este distanciamiento de 2,2-2,3 m, se conseguía que incluso la piedra 5, la más alejada de todas, terminara también formando parte de una circunferencia concéntrica.

Hay que reseñar que todas estas hipótesis solo podrán ser corroboradas o no, después de un levantamiento arqueológico del lugar, pues cabe la posibilidad de que existan más piedras que en la actualidad estén sepultadas bajo tierra. De hecho, como demostró Xabier Monteiro Graña con una fotografía del vuelo de costas de 1989 en su artículo publicado en la revista Columba del 2022, aparecen más piedras en esta zona que parecen corroborar la existencia de este círculo lítico.
Desde mi punto de vista, este conjunto prehistórico además de la función de señalización de los solsticios de verano, tendría una finalidad más compleja. Hay indicios de que podría señalizar otros posicionamientos del sol en fechas importantes, y también los llamados lunasticios, movimientos de la luna mucho más complejos que los del sol. Sin embargo, creo que sería bastante arriesgado por mi parte aventurarme en su descripción, hasta que no disponga de mediciones de alta exactitud de los ángulos de elevación de las cumbres de la orografía circundante y sobre todo hasta que no se conozcan las ubicaciones más o menos exactas que las piedras tuvieron en realidad cuando estuvieron erguidas, cuestión esta que como ya comenté con anterioridad depende de una intervención arqueológica profesional.
Como adelantaba antes, no es solo en este lugar donde aparecen piedras que parecen tener una cierta “finalidad” astronómica. Si caminamos desde este supuesto círculo lítico hacia el este, cara al mar, o bien descendemos hacia el sur desde lo alto del promontorio de O Pedrouzo, nos encontramos con ciertas alineaciones de piedras. En la siguiente imagen podemos ver una de ellas, en la cual las tres piedras están alineadas con el ocaso del sol en el solsticio de verano. Este alineamiento tiene la particularidad de que las piedras fueron erigidas en función de la altura del promontorio de O Pedrouzo, que en ese lugar tiene un ángulo de elevación sobre la horizontal de aproximadamente 12 grados, de tal modo que el sol se oculta en ese lugar en el solsticio de verano cuando su azimut es de 290º :

En la siguiente imagen, podemos ver las mismas piedras vistas desde arriba. Llama la atención que los alineamientos no solo se producen en dirección sureste- noroeste (piedras 1, 2 y 3), sino que también aparecen alineamientos de forma perpendicular a este eje de dirección (piedras 2 y 4).

De hecho, al ser varias las piedras que parecían seguir un patrón artificial de alineación, en junio del 2021 también tomé con el GPS topográfico las coordenadas de muchas de estas piedras que estaban semienterradas en el terreno, para conocer con exactitud su ubicación.
Al volcar el contenido en el ordenador, me di cuenta de que este patrón de alineamientos parecía afectar a más piedras, las cuales, además, parecían tomar los dos diferentes direcciones que comentábamos antes con el anterior alineamiento: una dirección sudeste-noroeste y otra perpendicular a ella, nordeste- suroeste.
En la siguiente imagen podemos ver con detalle las orientaciones y las ubicaciones de cada una de las piedras que fueron medidas con el GPS:

En concreto, estas piedras se encuentran en la falda del promontorio más próxima al mar en dirección nordeste. Existen en ellas varios aspectos que llamaron mi atención.
La primera cuestión reseñable, es que las piedras se encuentran alineadas unas con otras. Una vez más como en el caso anterior vuelve a darse una alineación triple compuesta por las piedras número 136, 138 y 147. Lo interesante de esta alineación radica también en que es perfectamente paralela a las alineaciones que crean tanto el grupo de piedras 148-149 como el grupo de piedras 134-135 (la piedra 134 se encuentra unos 20 cm desalineada respecto a la 135, producto de un desplazamiento de la misma o bien al hecho de que estas piedras a modo de pequeños menhires estuvieron verticales sobre el suelo para posteriormente ser tumbadas, de tal modo que el punto de medición del GPS que representa la ubicación de la piedra, puede que haya sido obtenido en una parte alejada de la base de la piedra, pues en la mayoría de los casos estas piedras se encuentran sepultadas bajo tierra dejando muy poca superficie visible).
Además de este paralelismo direccional, resalta el distanciamiento equitativo que existe entre las mismas. Así el grupo de piedras 134-135 y el 148- 149, no solo siguen la misma dirección, sino que están ubicadas a una misma distancia unas de otras en torno a los 3,8- 3,9 m. Lo mismo ocurre por ejemplo con el alineamiento de piedras 138-136-147, donde la piedra central 136 se encuentra a la misma distancia de 12 m que las piedras 138 y 147.
En la otra dirección de alineamiento, tenemos menos conjuntos alineados, solamente el compuesto por el grupo de piedras 134-138 y el 148-149, con una ligera variación en la ubicación de la piedra 148 seguramente debido a alguna de las circunstancias antes mencionadas con la piedra 134. Sin embargo, una vez más vuelve a darse el mismo paralelismo entre alineamientos que vimos en la dirección anterior. Así el eje de piedras 134-138 es totalmente paralelo al eje 147-149.
Estos paralelismos entre alineamientos y también la igualdad entre los distanciamientos de muchas de las piedras, hace pensar en la probable existencia de largas filas de piedras alineadas unas con otras, siguiendo las dos direcciones mostradas en la imagen anterior, conformando algo parecido a cuadrículas en cuyos vértices se dispondrían de forma vertical sobre el terreno estas piedras actualmente semienterradas.
Es de esperar, producto de un hipotético trabajo arqueológico de excavación, que en el futuro apareciesen muchas más piedras, las cuales en la actualidad se encuentran seguramente sepultadas bajo tierra. Esto ayudaría a conocer en primer lugar, si la morfología de las piedras concuerda con la forma alargada característica que posee un menhir, y también a discernir si las piedras conforman filas regulares y equidistantes entre sí, en las que se ubicarían al modo en que hoy podemos ver en Carnac.

De estar en lo cierto, aunque las alineaciones pétreas de O Pedrouzo serían mucho más humildes que las de Carnac, tanto por el tamaño de las piedras como por la longitud de los alineamientos, llama curiosamente la atención la similitud entre O Pedrouzo, con su círculo lítico y sus supuestos alineamientos pétreos, con lo que ocurre por ejemplo concretamente en el alineamiento de Le Ménec en Carnac, donde las largas filas de menhires parten de un círculo lítico en este caso elipsoidal.
En el caso de O Pedrouzo, no tenemos constancia a día de hoy de que las piedras diseminadas y aparentemente organizadas en filas que se encuentran en una de las faldas del promontorio, tengan su punto de partida justamente en el círculo lítico que comentábamos con anterioridad, pero su proximidad resulta sospechosa, sumado al hecho de que en el alto del promontorio de O Pedrouzo, es susceptible de que existiese algún tipo de estructura lítica que de algún modo estuviese relacionado tanto con el círculo lítico existente más abajo como con las alineaciones de piedras que acabamos de comentar.
Otra cuestión interesante y a la vez desconcertante, es la orientación que parecen tomar los alineamientos de estas piedras y que está representado en una imagen anterior. Una de las direcciones de los alineamientos corresponde con un azimut de 304º, casi el mismo azimut (303º) que corresponde a la puesta de sol en el solsticio de verano. Pero hay que recordar que esta circunstancia (puesta de sol con azimut 303º) ocurre solamente cuando el sol se pone sobre el horizonte a nivel del mar. En el caso de O Pedrouzo, las piedras están alineadas sobre la falda del promontorio, de tal modo que el sol se oculta ante ellas en el alto del mismo con un azimut anterior a 303º debido a la elevación del lugar. De hecho, como ya comentábamos antes, tenemos un alineamiento situado ladera abajo, justo antes del comienzo del afloramiento rocoso de la cúspide de O Pedrouzo, donde las piedras se alinean en un azimut de 290º, lo cual sumado a la elevación de 12º del alto del promontorio que tienen las piedras enfrente, provoca que la puesta de sol quede perfectamente alineada con ellas.
En este caso, a medida que recorremos la falda del promontorio de O Pedrouzo en dirección noroeste, los alineamientos cambian sus azimuts, no solo ya en el ya comentado de 304º, apartándose de cualquier tipo de alineación con el sol. También ocurre en el otro eje direccional orientado hacia un azimut de 68º. Como vimos en el caso de uno de los alineamientos del círculo lítico, el azimut de la salida de sol sobre el monte Campelo corresponde a 60º durante el solsticio de verano. Existen pues ocho grados de diferencia.
Es indudable que ambos alineamientos parecen indicar tanto la salida como el ocaso de algo que sale y se oculta sobre la geografía circundante más a la derecha de lo que lo hace el sol. Lo curioso, es que este desfase en los azimuts, parecen coincidir o al menos están muy próximos a los azimuts de salida y ocaso de la luna durante sus lunasticios mayores.
Sería un poco extenso hablar en profundidad de los lunasticios. Pero si bien el sol tarda un año en completar todo su ciclo de posicionamientos variables en el cielo, la luna lo hace en un período más extenso de 18,6 años debido a que la órbita lunar esta ligeramente inclinada respecto a la órbita terrestre. El sol se mueve en el cielo, saliendo y ocultándose por unos determinados puntos extremos del horizonte, que coinciden con las declinaciones de +23,5º y -23,5º, las cuales dan lugar al solsticio de verano y al solsticio de invierno. Entre estas dos posiciones extremas del sol en el cielo, tenemos los equinoccios. En cambio, la luna, tiene unos movimientos extremos de movimiento en el cielo denominados lunasticios, los cuales son conocidos también como paradas mayores o menores de la luna. A diferencia del sol, las paradas mayores de la luna ocurren con las declinaciones de este astro de +28,64º y - 28,64º, mientras que los paradas menores ocurren con declinaciones de +18,36º y -18,36º.
En el caso concreto del alineamiento de piedras orientado hacia el azimut 68º, he podido comprobar que coincide con la salida de la luna en el lunasticio menor +18,36.
La cuestión de las orientaciones arqueoastronómicas de los monumentos prehistóricos resulta bastante controvertida, y suscita bastantes muestras de rechazo incluso en la comunidad científica, especialmente, y todo sea dicho, en aquellos arqueólogos o historiadores que no tienen ningún tipo de conocimiento en astronomía.
Aunque las orientaciones de muchas estructuras megalíticas hacia las salidas y ocasos del sol son cada vez más aceptadas de forma unánime, aun existe mucho recelo incluso dentro del ámbito de arqueoastronómos de máximo nivel como puede ser el caso de Michael Hoskin, a aceptar que el hombre prehistórico pudo tener la capacidad de comprender el complejo vaivén de la luna en nuestros cielos.
Postura a mi entender totalmente antropocéntrica de nuestra sociedad contemporánea, que mira siempre con desdén al individuo antiguo, bajo una premisa evolutiva basada únicamente en el avance tecnológico. Pero si partimos de la base científica de que aquellos antiguos humanos tenía la misma capacidad cognitiva que el ser humano actual, y teniendo en cuenta la premisa básica antropológica de que la inteligencia humana se desarrolla en función de la búsqueda de soluciones a las necesidades específicas de su época, no debería costarnos tanto entender que durante varias generaciones unas élites se hubieran dedicado en cuerpo y alma a obtener este conocimiento, incluso de los movimientos complejos de astros como la luna, pues todo ese desciframiento no era simplemente una forma de medir y controlar el tiempo, sino también de pronosticar y controlar hechos futuros, con lo que esto podía conducir a efectos de control social. Un claro ejemplo de todo esto, es el caso de la predicción de los eclipses.
De hecho, el padre de la arqueoastronomía, el escocés Alexander Thom, defendía que los alineamientos de Carnac se debían justamente a ello. Explica Thom, que aunque la inclinación media de la órbita lunar se mantiene intacta durante miles de años, su valor real está sujeto a pequeñas fluctuaciones de unos 8´ cada 173 días (recordar que cada grado tiene 60´). Según Thom, a pesar de esta variación del azimut tan pequeña, solo ocasionalmente el máximo de declinación mensual habría coincidido con el momento real de la salida o puesta lunar, por lo que fue necesario algún método de extrapolación de las posiciones observadas encontradas en dos noches sucesivas, una antes y otra después del máximo, para obtener en tierra el punto máximo de esa lunación. En base a esto, Thom defiende que los alineamientos de piedras de Carnac fueron diseñados para encontrar rápidamente este movimiento de extrapolación necesario.
Hay que decir de Alexander Thom, que no se trató de ningún iluminado newage, sino de un prestigioso ingeniero, que ya a principios de los años setenta del pasado siglo, hace ya más de cincuenta años, realizó un análisis meticuloso de muchos monumentos megalíticos, especialmente en las Islas Británicas, de una forma audaz y también, hay que decirlo, de un modo extremadamente complejo, difícil de comprender para una comunidad arqueológica ignorante en matemáticas y astronomía avanzadas, cuyas conclusiones ponían en entredicho la incapacidad del hombre antiguo para la resolución de problemas complejos.
De estar en lo cierto, y si termina confirmándose la existencia real de las alineaciones de O Pedrouzo, seguramente la funcionalidad de estas piedras sea la misma o muy similar a lo que Thom expone sobre los alineamientos de Carnac.
Casualidad o no, las largas filas de menhires de Le Ménec en Carnac, están orientados hacia el azimut de 71º. En O Pedrouzo están orientados hacia un azimut de 68º. Hay tres grados de diferencia, pero hay que tener en cuenta que Le Ménec tiene una latitud de 45º respecto a los 41º que tiene O Pedrouzo. Esto supone que en Carnac la luna sale cuatro grados desplazada en el horizonte hacia el oeste respecto a O Pedrouzo. En este caso tenemos tres grados de diferencia (71º- 68º) y no cuatro, pero hay que tener en cuenta que el horizonte en Carnac seguramente tiene un grado menos de elevación, o bien pudiera ser producto del error de no utilizar un aparato de máxima precisión sino una app que, aunque bastante exacta, no alcanza la precisión de un aparato topográfico profesional.
Para acabar este artículo, quiero hacer mención de otra de esas “casualidades significativas” encontradas en el yacimiento de O Pedrouzo. Como comentaba al principio de este artículo, en el año 2019 descubrí una cruz inscrita en una de las piedras que se encuentran en el alto de O Pedrouzo. Meses después aparecieron dos cruces más muy similares a esta primera. En septiembre del 2021 tuve constancia a través de José López Hermida, de la aparición de una cuarta, diferente a las demás pues tenía esculpidas en torno a la cruz cuatro pequeñas cazoletas.

La explicación mayoritaria que se da al sentido de la aparición de estas cruces en rocas de nuestra geografía es en primer lugar, una finalidad como símbolos delimitadores de lindes parroquiales o jurisdiccionales de algún tipo; o que, en segundo término, se trata de actos de cristianización de antiguos lugares sagrados paganos.
Se olvida que el signo de la cruz es un símbolo muy antiguo, anterior a la aparición del cristianismo, y que en muchos casos aparece ya en la prehistoria como parte integrante de un panel de petroglifos, siendo contemporáneos a la realización de los mismos. En Roses (Cataluña), pude comprobar cómo una cruz se había colocado a poca distancia de dos pequeñas cazoletas unidas por un estrecho canal tallado en la roca, de tal forma que la prolongación imaginaria de este canal iba a parar justamente al centro de la cruz. El grabado estaba datado en el calcolítico, y resultaba poco creíble que el cristiano, llegado miles de años después, se hubiera tomado la molestia de grabar la cruz en una ubicación tan precisa, relacionándolo con el conjunto.
En este caso de O Pedrouzo ocurre algo similar. La cruz tiene inscrita una cazoleta en su centro y otra en el final de sus brazos, teniendo las otras dos cazoletas en puntos intermedios de los otros tres brazos restantes de la cruz. Además, esta cruz tiene la particularidad de que sus brazos están orientados señalando los cuatro puntos cardinales con gran exactitud. Solo uno de sus brazos, el que apunta hacia el sur, está ligeramente inclinado 5 grados hacia la izquierda marcando un azimut de 175º en vez de los 180º. Resulta difícil de entender que para cristianizar este lugar, se hubiera observado tal laboriosidad a la hora de plasmar la cruz sobre la roca.
Se podría analizar este caso desde la teoría de que se trata de algún símbolo que está delimitando un determinado linde, donde la cazoleta del centro representaría la ubicación del alto de O Pedrouzo, y las otras tres cazoletas lugares geográficos importantes a resaltar por algún motivo. Pero no se entendería entonces la finalidad de la cazoleta que se encuentra entre los brazos este y norte de la cruz, pues su azimut es de 320 grados, es decir, no apunta a ningún lugar sino directamente hacia el mar.
Sin embargo, he aquí la sorpresa, que la cazoleta que se encuentra entre los brazos norte y oeste de la cruz está orientada hacia un azimut aproximado de 68-69º. Casualidad o no, se trata del mismo azimut que marca la alineación de piedras que más abajo, a unos pocos metros, discurre por la ladera de O Pedrouzo.
Sigue, sin embargo, siendo un misterio la orientación de 320º de la otra cazoleta, pues ni el sol ni la luna alcanza en esta latitud ese azimut.
De todo lo expuesto con anterioridad, deduzco que en este lugar de O Pedrouzo, existió algún tipo de santuario u observatorio astronómico donde se monitorizaron los movimientos del sol y seguramente también los movimientos más complejos de la luna. Estamos hablando de una antigüedad todavía por precisar, pero cuya repercusión se extendió mucho tiempo después, pues la barca de piedra de Santa Comba, que todo apunta que pertenece a una época histórica mucho más reciente, conservó todavía ese legado antiguo de orientación hacia los astros, siendo en este caso concreto orientada hacia el ocaso del sol en el solsticio de verano.
Para finalizar este artículo, hay que decir que queda en manos de las “ganas” de los profesionales y de las autoridades competentes, el realizar un estudio en profundidad sobre este posible yacimiento de O Pedrouzo. Es hora de que los entendidos dictaminen si todo esto se trata de un cúmulo de imprecisiones y casualidades, o bien estamos ante un antiguo yacimiento prehistórico que puede dar mucho que hablar en los próximos años. Eso sí, estaremos alerta ante el contenido de los dictámenes, porque ya estamos curados de espanto.
Este artículo está dedicado a todos aquellos apasionados del pasado, de la historia oculta de los lugares en que nacimos y nos criamos, a todos aquellos que mantienen incorruptible ese hilo invisible que hilvana a nuestras generaciones pretéritas con aquellas que vendrán cuando nosotros no estemos. Puede que nuestro entusiasmo nos llevé a equivocarnos muchas veces, pero no existe mayor equivocación que la desidia de quien no lo intenta, de quién ha perdido la curiosidad por todo. De esto último lamentablemente ya tenemos bastante.
Barcelona, 4 de junio de 2023