La conservación de la madera arqueológica en entorno intermareal: identificación y estudio de un conjunto de maderas del pecio de Cobas

17/01/2026, María de La Fuente Ferreiro / David Fernández Abella

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Contexto histórico y localización del hallazgo

Las maderas objeto de este trabajo provienen del pecio de Santa Comba, cerca de Os Crebadoiros (Fig.1). Los restos formarían parte de una embarcación que permaneció enterrada en el intermareal de la playa de Santa Comba hasta el año 2014, en que los temporales acabaron por desmantelarla1.

Memoria local y características de la embarcación

Este pecio era conocido por los vecinos más mayores, que recuerdan haber aprovechado madera recogida in situ para construcción. Ha salido a la luz al menos tres veces (década de los 40-50, años 70 y año 2014). Apareció por última vez con los temporales (ciclo génesis explosiva) de principios de año, que destruyeron entre 15 y 20 m de duna (Figs. 2 y 3) y arrastraron la arena de la playa que le servía de protección al pecio frente a la acción costera.

Fig. 1 - Mapa de situación
Fig. 1 - Mapa de situación

 

Fig. 2 - Playa de Santa Comba 2010
Fig. 2 - Playa de Santa Comba 2010

 

Se trataba de los restos de una embarcación de unos 13 m de eslora conservada por 3 m de manga, con forro a tope, con la proa mirando a la ermita de Santa Comba (de través) y tumbado sobre el costado de babor (Figs. 4 a 6). Presentaba cabillado de madera en las varengas y alguna clavazón de hierro (perdida). Según Alfonso Montero del Río el barco presentaba la obra muerta en pino y la obra viva en roble, y tenía doble forro2. Este investigador localizó una barra de hierro que cree que pudiera ser un arpón, con lo cual podría ser una zabra, pinaza o chalupa ballenera, vinculada al puerto ballenero de Priorio (López Hermida 2015).

Contexto arqueológico y cronología

Debemos recordar que a unos 70 m existen unos, cada vez más deteriorados y enigmáticos, restos estructurales aparecidos en la duna de la playa (López Hermida 2021), que podrían pertenecer a instalaciones portuarias vinculadas. Nos informan que antaño se extraería del interior del pecio fragmentos de cerámica tipo loza, hoy en manos de particulares. En el entorno se localizan también abundantes piedras de sílex, material alóctono que serviría de lastre de las embarcaciones en travesía desde el Atlántico Norte. Este material también sería visto en el interior del barco en otra “aparición” en los años 70.

Fig. 3 - Playa de Santa Comba 2014
Fig. 3 - Playa de Santa Comba 2014

 

Fig. 4 - Restos del pecio
Fig. 4 - Restos del pecio

 

Según López Hermida (2015:90) el naufragio debe pertenecer al siglo XVI, mientras que Rodríguez y Vilches (2015:100) lo sitúan en los siglos XVII o XVIII, de tradición constructiva ibero-atlántica.

Tal y como refiere el informe oficial redactado por la empresa Archeoatlántica SL (Rodríguez & Vilches 2015), numerosos restos estructurales del pecio se divisaban por la playa, fruto del desarme provocado por la acción mecánica del oleaje sobre el pecio. La mayor parte de estos elementos han sido recogidos por José López Hermida3 durante el temporal de 2014, a excepción del último fragmento (PC-2025-006), que fue recogido en una aparición del pecio en los años 1973-74 donde fue desprendida parte de la proa. Todos fueron cedidos a los autores para su estudio.

Fig. 5
Fig. 5

 

Fig. 6
Fig. 6

 

Análisis técnico de los fragmentos recuperados

Este grupo de elementos está compuesto por un conjunto de seis fragmentos de madera que se pueden observar en las fotografías siguientes. Todos presentan un mal estado de conservación, pero estables en diferentes grados, con evidentes signos de degradación y claras deformaciones.

Dimensiones y características técnicas de fragmentos de madera del pecio de Cobas (Serie PC-2025)
Código Longitud Ancho Grosor Orificios
PC-2025-001 11,5 cm 5,9 cm 2,9 cm Orificio (2 cm) y cajeado parcial (2,2 cm)
PC-2025-002 37,5 cm 10,2 cm 6,2 cm Orificio pasante (2,6 cm) con restos de óxido
PC-2025-003 39,0 cm 5,5 cm 3,6 cm Cajeado longitudinal (2,2 cm)
PC-2025-004 38,5 cm 10,1 cm 7,4 cm Orificio pasante (2,5 cm) y medio orificio (2,7 cm) cajeado longitudinal (1,8 cm)
PC-2025-005 66 cm 17,5 cm 6 cm Cinco orificios (2,6 cm), dos sin salida cegados con cabilla, uno con cabilla conservada.
PC-2025-006 103 cm 31 cm 11,5 cm Siete orificios de entre 2 y 3 cm, 3 con cabilla conservada
Fig. 7 - Fotografías de PC-2025-001, 002, 003 y 004. Anverso.
Fig. 7 - Fotografías de PC-2025-001, 002, 003 y 004. Anverso.

 

Fig. 8 - Fotografías de PC-2025-001, 002, 003 y 004 Reverso.
Fig. 8 - Fotografías de PC-2025-001, 002, 003 y 004 Reverso.

 

Fig. 9 - Fotografía de PC-2025-006 y 005. Anverso.
Fig. 9 - Fotografía de PC-2025-006 y 005. Anverso.

 

Fig. 10 - Fotografía de PC-2025-006 y 005. Reverso.
Fig. 10 - Fotografía de PC-2025-006 y 005. Reverso.

 

Las dimensiones de los fragmentos recuperados varían entre los 11,5 y los 103 cm de longitud y entre los 2,9 y 11,5 cm de grosor. En todos se pueden observar uno o más orificios circulares con diámetros entre 1.8 y 3 cm, con bordes lisos y una mínima distorsión. Se presentan, según la pieza, de forma transversal o longitudinal; en el caso del cuarto fragmento se presenta de ambas formas. En el quinto fragmento podemos ver dos orificios sin salida y cegados con fragmentos de cabillas, lo que indica que sería una unión con otra pieza solo de un lateral. En este fragmento y el número seis podemos ver restos de las cabillas de madera conservadas dentro de los orificios. La forma perfectamente redondeada de estos orificios sugiere un trabajo intencional y técnico.

Hipótesis sobre la función estructural de las maderas

Fig. 11 - Dibujo de la pieza PC-2025-001.  Anverso, sección y reverso.
Fig. 11 - Dibujo de la pieza PC-2025-001. Anverso, sección y reverso.

Las piezas presentan curvaturas, que pueden haber sido acentuadas por el paso del tiempo y por su mal estado de conservación, pero que nos indica que no son tracas del casco, sino que mayoritariamente serían elementos de la arquitectura transversal, parte del esqueleto del barco, como cuadernas o refuerzos de estas. No podemos asegurar a que parte de la arquitectura naval pertenecen, dada la cantidad y dimensiones de los fragmentos, además de su estado de conservación, pero si podemos plantear una hipótesis sobre la función original de cada uno de los fragmentos.

La primera pieza (PC-2025-001) es la más pequeña del conjunto, lo que hace más difícil su identificación, dado su tamaño y conservación, presenta un orificio circular con un diámetro de 2 cm realizado con precisión, el borde está definido y sin restos de corrosión, también presenta un orificio parcial. Esta pequeña pieza podría corresponder a un elemento de unión menor, como un travesaño, lo que si podemos asegurar es que es un fragmento que pertenece a un componente estructural de mayor tamaño.

La segunda y cuarta pieza (PC-2025-002 y 004) son de mayor tamaño que la primera, también presentan, cada una, un orificio circular de bordes definidos y sin astillamientos, parecen haber sido realizados para el uso de pernos o cabillas de madera. También se pueden observar en ambas piezas restos de clavos de hierro de 5 mm de grosor, sin cabeza. En el caso de la pieza 002 se observan restos de óxido de hierro en la parte baja del interior del orificio, lo que indica el uso de una técnica mixta, cabillas de madera y clavos o puntas de hierro como refuerzo. En la pieza 004 además del orificio que atraviesa la pieza se puede observar un cajeado longitudinal de un diámetro similar. Esta combinación de uniones nos refuerza la idea de que se trata de dos elementos transversales del esqueleto del barco, posiblemente cuadernas.

Fig. 12 - Dibujo de la pieza PC-2025-002. Anverso y sección.
Fig. 12 - Dibujo de la pieza PC-2025-002. Anverso y sección.

 

La pieza PC-2025-003 es más estrecha que las anteriores y muestra un cajeado longitudinal de sección circular (2,2 cm de diámetro) no pasante lo que indica que pudo haber alojado un perno, cabilla o pieza de refuerzo insertada longitudinalmente. Esto puede indicar que se trata de un elemento longitudinal del barco, un refuerzo secundario, como un durmiente o un regala, cuya función es aportar rigidez interna o servir de refuerzo a otros elementos.

Fig. 13 - Dibujo de la pieza PC-2025-003. Anverso y sección.
Fig. 13 - Dibujo de la pieza PC-2025-003. Anverso y sección.

 

La pieza PC-2025-005 presenta una curvatura muy pronunciada y una superficie trabajada, sobre todo en la zona interna. Presenta cinco orificios, tres pasantes, uno de ellos con una cabilla conservada; los otros dos son orificios ciegos, con pernos de madera insertados, pero sin salida, sellados por la propia estructura, que se relacionan con uniones de tipo espiga o mortaja. Esto muestra un sistema de unión compuesto. Su morfología permiten identificarla como un posible pie de roda, parte de la estructura del barco del área de proa.

Fig. 14 - Dibujo de la pieza PC-2025-004. Anverso y sección.
Fig. 14 - Dibujo de la pieza PC-2025-004. Anverso y sección.

 

La última pieza la (PC-2025-006) es la más grande del conjunto, es una pieza en forma de “V” abierta con una longitud conservada de 103 cm en uno de sus brazos y 62 cm en el brazo corto, presenta 7 orificios de cabillas, una en la zona central de arranque con la cabilla aun in situ al igual que otros dos orificios presentes en el brazo largo. Es la pieza en peor estado de conservación del conjunto, dada que su extracción fue cronológicamente muy anterior a las demás. La superficie se presenta craquelada y deformada, el interior ha perdido mucha materia prima y se presenta con una estructura de corcho, muy frágil. Está en un alto riesgo de pérdida de material.

Fig. 15 - Dibujo de la pieza PC-2025-005. Anverso y sección.
Fig. 15 - Dibujo de la pieza PC-2025-005. Anverso y sección.

 

La morfología de esta última pieza y la presencia de las cabillas nos hace pensar que probablemente corresponde con una varenga de proa, pieza de arranque del sistema estructural del buque, uno de los elementos madre del esqueleto del barco.

Fig. 16 - Dibujo de la pieza PC-2025-006. Anverso y sección.
Fig. 16 - Dibujo de la pieza PC-2025-006. Anverso y sección.

 

Tras este análisis, la hipótesis principal es que el conjunto de piezas eran elementos estructurales internos del buque, que son los que presentan mayor resistencia al embate del oleaje y por su sistema de fijación, los primeros que se desprenden. Presentan un sistema de ensamblaje mixto, de cabillas de madera y clavos de hierro.

Procesos de degradación en la madera sumergida

El estado de conservación de estos fragmentos es el esperado de cualquier pieza de madera que haya estado en un entorno intermareal durante siglos y que tras su extracción no hayan recibido ningún tipo de estabilización o proceso de conservación.

A simple vista podemos observar una clara deformación de los fragmentos dada una pérdida parcial de volumen, una marcada fisuración longitudinal y una estructura debilitada, con colapsos celulares visibles en varias secciones.

Estas alteraciones no se deben a un único factor, sino a una combinación de procesos biológicos, físicos y químicos asociados al tipo de entorno en el que se encontraba el pecio. Las fisuras longitudinales profundas son típicas de la madera que ha perdido cohesión interna por un proceso de secado rápido, al igual que los colapsos de la pared celular, especialmente en las zonas blandas, como resultado de la pérdida del soporte hídrico.

Por otra parte, podemos apreciar una ausencia de biodeterioro marino, suele ser muy común en la madera arqueológica la aparición de bivalvos como el Teredo Navalis, pero en este caso no está presente, al igual que restos de algas u otros moluscos, lo que sugiere una protección parcial y prolongada por el sedimento, que limitaría el biodeterioro.

Para contextualizar un poco los procesos a los que se ven sometidos los restos arqueológicos podemos afirmar que, con el paso del tiempo, los restos tienden a degradarse, con pérdidas de material y de consistencia, debido a causas externas e internas.

Las causas internas dependen del tipo de material que compone las piezas y de sus procesos de fabricación. Por otro lado, las causas externas dependen del entorno y de los agentes de alteración presentes en él.

Dependiendo del tipo de agua en el que se encuentren los restos arqueológicos, la profundidad, el fondo y/o sedimento que los rodeen, varían los procesos químicos que afectan a la degradación de estos. La costa del noroeste peninsular se caracteriza por sus corrientes y mareas vivas.

Estos movimientos continuos pueden descontextualizar las piezas, fragmentarlas o erosionarlas. La riqueza biológica tiene como consecuencia que los organismos instalen su hábitat en el interior de las piezas, bajo ella o a su alrededor.

Dependiendo del tipo de organismo colonizador pueden provocar unos daños u otros. La salinidad del agua del mar afecta gravemente a los materiales porosos. Las sales acostumbran a filtrarse en los restos lo que provoca que, en las extracciones sin control de secado, estas sales cristalicen en su interior produciendo fisuras o fracturas. Los materiales orgánicos pueden desaparecer por la acción de los organismos presentes en el medio, siempre que no estén en un medio anaeróbico.

Después de numerosos siglos en los fondos marinos los restos arqueológicos se adaptan al medio, los que sobreviven a los agentes de alteración que los atacan, llegando a un punto de equilibrio. Es decir, durante el tiempo de uso original de la pieza la degradación avanza muy paulatinamente, dependiendo del tipo de uso que se le está dando y del mantenimiento que le ofrecen.

En el momento de abandono el material sufre un cambio de ambiente muy brusco, se degrada drásticamente en un corto periodo de tiempo, pero poco a poco se adapta al nuevo medio, ya sea bajo tierra o bajo el mar, y consigue llegar a un punto de equilibrio teórico, la degradación sigue avanzando, pero de un modo más sosegado. Este equilibrio se rompe en el momento de la excavación o descubrimiento, si la pieza vuelve a cambiar de ambiente la degradación drástica comienza de nuevo, nuevos agentes de alteración comienzan sus procesos sobre la pieza, hasta que es tratada y almacenada o expuesta en un ambiente controlado, o hasta que se degrada por completo por falta de tratamiento o por mala praxis (Pérez, 2003; Sierra, 2003).

Desafíos de la conservación en el entorno intermareal. Riesgos de la "conservación intermitente"

Esto cambia cuando hablamos de entornos intermareales, ya que los objetos sufren un cambio de ambiente drástico de manera periódica, en el caso del pecio de Covas parte de los restos de madera estaban enterrados en el sedimento arenoso de la playa, lo que hizo que las partes más bajas si pudieran tener un equilibrio con el ambiente, pero no fue duradero, ya que como hemos podido ver las fotografías de este artículo se fue destapando por completo a lo largo de las últimas décadas.

En el caso concreto de la madera puede durar bastante tiempo empapada, cuando no es atacada por las corrientes o el biodeterioro. Cuando se extrae debe ser estabilizada antes del secado, ya que durante el tiempo que se mantuvo sumergida perdió parte del material que se sustituyó por agua (Sierra, 2003). Es decir, durante el enterramiento en un entorno húmedo, ya sea subacuático o intermareal, la madera mantiene su forma original gracias al soporte del agua.

Este material está compuesto por tres componentes principales celulosa (40-50%), hemicelulosa (15-30%) y lignina (20- 30%). Cuando permanece sumergida durante una gran cantidad de tiempo los componentes más vulnerables (la celulosa y la hemicelulosa) comienzan a desaparecer, disolviéndose en el agua, se intercambian las moléculas de celulosa por moléculas de agua, que colapsa las paredes celulares.

Gracias a esto cuando encontramos una madera empapada puede parecer que se está en buen estado, pero este equilibro en el que se encuentra es aparente y reversible si no se trata correctamente. Cuando se seca sin tratamiento adecuado, el agua abandona las células y está estructura vacía (solo compuesta de lignina) colapsa sobre sí misma, generando deformaciones, encogimientos y fracturas, a menudo irreversibles. En el caso de los restos sumergidos pueden estar en estado de equilibro durante mucho tiempo, hasta que son extraídos, pero en los que se encuentran en una zona intermareal comienzan este proceso de secado y encogimiento cada vez que la marea baja y son destapados, este es el caso de las maderas cedidas para este estudio.

Los espacios intermareales, como marismas, estuarios, o playas, como es este caso, se definen por la alternancia constante entre fases de inmersión y exposición. Esta ciclicidad hídrica genera condiciones sumamente inestables para la conservación arqueológica, durante los periodos en los que los restos se encuentran tapados el sedimento puede generar entornos anaerobios que frenan la actividad biológica, permitiendo una conservación relativamente buena.

Sin embargo, durante la exposición al aire (bajamar), se activa la presencia de oxígeno y se reactiva la descomposición por hongos, bacterias aerobias e incluso por insectos xilófagos en casos extremos. Los cambios de salinidad, temperatura y humedad provocan tensiones internas en la madera, favoreciendo su fisuración y deformación con el paso del tiempo. La subida y bajada de marea también está acompañada de corrientes que pueden arrastrar restos de la madera arqueológica u otros elementos que ruedan sobre los restos y colisionan contra ellos fracturándolos o generando fricción.

Este proceso se puede llamar de “conservación intermitente”, donde se rompe continuamente el teórico equilibrio de las piezas, por lo que el deterioro más brusco aparece de forma constante y periódica.

Fig. 17
Fig. 17

 

Hay que destacar que en el caso de los restos arqueológicos que se encuentran bajo el mar o en zonas intermareales uno de los agentes más degradantes es el antrópico, del que destaca el riesgo de expolio. Muchas veces por desconocimiento, con un afán de “buena intención” o como “souvenir” se extraen piezas arqueológicas para su reaprovechamiento o como recuerdo, sin saber el daño que puede conllevar para los restos una extracción del agua sin un tratamiento. Las piezas se pierden, pero con ellas el conocimiento e información histórica que nos podrían otorgar.

Conclusiones: El factor humano y la protección del patrimonio

En conclusión, las condiciones del entorno intermareal son especialmente agresivas y contradictorias para la conservación de materiales arqueológicos, sobre todo de restos orgánicos como la madera. Con el estudio de los restos del pecio de Covas podemos aproximarnos a los desafíos que plantea la conservación de materiales arqueológicos orgánicos en entornos intermareales. La alternancia entre periodos de inmersión y exposición convierte a estos espacios en zonas especialmente agresivas para la estabilidad de los restos arqueológicos, donde los procesos de degradación son cíclicos e intermitentes.

Las piezas de madera recuperadas muestran claras deformaciones, fisuras y colapsos estructurales asociados a la pérdida de material interno tras su exposición al aire, consecuencia directa de un entorno inestable y de la falta de medidas de conservación post-extracción. Esto subraya la importancia de la intervención inmediata con técnicas de estabilización adecuadas cuando se extraen restos de estos contextos. Tras este estudio las piezas procedentes del pecio serán depositadas en el Museo do Mar de Galicia (Vigo, Pontevedra).

Por otro lado, el caso del pecio de Covas deja claro la fragilidad de los equilibrios que se generan bajo condiciones intermitentes en este tipo de entornos y cómo su alteración puede acelerar una grave degradación. Además, el papel de la acción humana, tanto por desconocimiento como por expolio, se revela como un factor de riesgo adicional. Por lo que es necesario ser consciente del peligro en el que se encuentran esta clase de restos arqueológicos, y tomar medias en el momento del descubrimiento para impedir su desaparición.

Por lo tanto, se hace imprescindible no solo avanzar en protocolos de conservación específicos para entornos intermareales, sino también en la concienciación pública y en la protección activa del patrimonio sumergido y en entornos húmedos. El pecio de Covas es un recordatorio de que, sin intervención adecuada, la información arqueológica corre el riesgo de perderse para siempre.

 

Bibliografía

 

Notas

  1. Se pueden ver fotografías del pecio en la página de Columba: https://sociedadecolumba.com/album/22 (acceso 12/05/2025).   ↩︎
  2. Podrían ser vagras.   ↩︎
  3. En su momento se avisó de su aparición dispersas por la playa y no fue recibida respuesta alguna, permaneciendo en su custodia hasta fechas recientes.   ↩︎

 

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