Accesibilidad social y turística al patrimonio marítimo de la costa de Galicia

18/11/2022, David Fernández Abella / Vanesa Trevín Pita

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PAISAJE CULTURAL MARÍTIMO

Cuando hablamos de paisaje cultual marítimo,1 hablamos de un espacio transformado, serie de elementos e interacciones que vemos como un reflejo final de las actividades realizadas a lo largo del tiempo sobre ese espacio, a modo de palimpsesto del que se pueden extraer múltiples narrativas en clave diacrónica.

El paisaje cultural marítimo es la suma de factores de evolución ambiental y geográfica, pero fuertemente condicionada por la acción humana, que la altera y significa a lo largo de los siglos (Whesterdalh, 1992). El uso menos intenso que se hace en tiempos modernos provoca que estos entornos se hallen progresivamente “renaturalizados”, donde la huella se diluye hasta incorporar a nuestro universo mental la falsa convicción de su nula alteración antrópica a lo largo de los siglos. Y desde luego, frente a esa imagen de inmutabilidad, estos paisajes son sumamente dinámicos (Pérez Alberti, 2000).

Sin embargo, la actuación del humana en ese paisaje marítimo, sobre todo en el ámbito costero o ribereño ha hecho que a día de hoy no podamos hablar de paisajes marítimos naturales en sí mismos (entendiendo natural como algo virginal, sin alterar) sino de espacios marítimos “aculturados”, en los que el hombre a lo largo del tiempo ha tenido un constante dialogo e interacción, transformándolos en la media que sus posibilidades (y la tecnología) se lo han permitido para un mejor desarrollo de sus actividades. En cierto modo se ha apropiado, o “domesticado” dicho paisaje, dotándolo de significado en su relación constante y milenaria. En Palabras de C. Sauer (2006) el paisaje es: “La impresión de los trabajos del hombre sobre el área”.

Lógicamente, la evolución tecnológica de la sociedad actual ha marcado que los paisajes culturales marítimos se hayan visto acentuados en su antropización o cambio sustancial de sus características físicas, con la transformación de grandes espacios por obras portuarias o viarias, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX y siglo XX. Pero intentando retroceder en el tiempo, podemos ver huellas más sutiles de la utilización de esos espacios marítimos de alto valor económico desde la Antigüedad. Un ejemplo podría ser la ría de Ferrol, un espacio náutico privilegiado, cómodo y bien delimitado, que hoy se halla enmascarada por el desarrollismo naval del siglo XX, pero que ha visto nacer el paisaje marcado por la ciudad dieciochesca y sus fortificaciones costeras, que “oculta” bajo él un espacio marítimo de gran importancia ya en época Edad Moderna y Medioevo, y desde el que podemos retroceder hasta su uso como punto de aprovechamiento económico y relaciones náuticas en época romana, —con la factoría de Cariño (Ferrol) o Caldoval (Mugardos)—; o todo un diálogo relacional entre comunidades en la Edad del Hierro, con ejemplos como los castros de As Escadas (Mugardos) o Canido (Ferrol); o que podemos retroceder en el tiempo seguramente hasta la prehistoria más profunda, evidenciado por ejemplo, por los restos paleolíticos de la playa de Maniños (Fene).

 

UN CASO: GALICIA

Cuando hablamos de Galicia, (noroeste de España) hablamos de un territorio que se identifica con el concepto de paisaje (verde) productos naturales, (calidad) y cultura (propia). En esta suma de factores que se exporta como imagen Galicia a nivel turístico juega un papel creciente el patrimonio cultural. Tanto es así que se empiezan a ver a nivel de administraciones locales planes para la promoción y valorización de varios yacimientos arqueológicos de su territorio, tras su adquisición y gestión como recurso comarcal. Incluso en los casos más relevantes de nuestro territorio se puede hablar de un verdadero reclamo principal de la visita a la comarca, en un verdadero “arqueoturismo” (Tresserras 2004), al que poco a poco se le suman otros yacimientos en alza y anteriormente poco promocionados, como pueden ser A Lanzada (Sanxenxo) o Castro Alobre (Vilagarcía de Arousa)2. No debemos olvidar que el turismo cultural es un valor al alza. Según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para la 2014-2015 un 30% de la población tiene un interés elevado por los yacimiento arqueológicos (Ortega López & Collado Moreno, 2018). En el caso del turismo cultural marítimo o subacuático, según algunos autores no solo ha aumentado en los últimos años, sino también se ha convertido en objeto de temáticas de investigación y foros de debate para tratar de encontrar nuevas vías de divulgación y socialización de este patrimonio, (Pérez-Reverte & Cerezo Andreo, 2020: 4).

Los yacimientos más visitados de Galicia: el castro de Santa Trega (A Guarda) y el castro de Baroña (Porto do Son) no solo tienen una parte reseñable del yacimiento visitable, sino que destacan por su paisaje, el gran reclamo que complementa la visita. En los dos casos (y en muchos otros) es el entorno marítimo el que realza los importantes valores patrimoniales que atesoran.

 

DESDE EL MAR

Existe algo irracional que atrae al ser humano hacia el mar. El entorno marítimo se ofrece como uno de los polos de atracción de la zona. Se pueden complementar otras ofertas turísticas de creciente éxito, como las rutas náuticas y el turismo marinero3: el poder acceder a todo un mundo vedado para “los de tierra” y conocer de primera mano cómo es el trabajo y cómo se ven o identifican los elementos de la costa desde la perspectiva de «los del mar»”. Este es el elemento clave.

Fig. 1 Castro de Punta de Muros (Arteixo) en proceso de excavación. Vista desde el mar. Año 2005.
Fig. 1 Castro de Punta de Muros (Arteixo) en proceso de excavación. Vista desde el mar. Año 2005.

Más allá del turismo experiencial de calidad que se ofrece en estas ofertas turísticas en Galicia, se muestra un aspecto nada desdeñable para el patrimonio cultural marítimo: La perspectiva desde el agua.

La perspectiva náutica de un yacimiento marítimo ofrece una oportunidad de entender el porqué de su ubicación o configuración, tanto sea un puerto, una fortificación, castro o villa marítima. Volveremos sobre esto más adelante.

Se trata de una perspectiva no solo aprovechable desde un punto de vista lúdico, sino que es muy utilizada por profesionales de la arqueología marítima para localizar (y comprender) yacimientos arqueológicos costeros. Ofrece no solo una atractiva oportunidad de contemplarlos, sino también de comprender su funcionalidad y localización, desde un punto de vista náutico. Todo un mundo antropizado y su propia lógica interna: la especificidad de determinados accidentes costeros y geográficos, los topónimos, y otros elementos destacables que han servido siempre de ayuda y referencia para la navegación.

Quizás antes de ponderar la importancia relativa del patrimonio cultural marítimo4 deberíamos valorar varias cuestiones previas. Para ello tomaremos como ejemplo de análisis, el territorio del Grupo de Acción Costera Golfo Ártabro Norte, que incluye todos los concellos costeros de Golfo Ártabro desde Paderne (N de Betanzos) en el Sur, hasta Narón en el Norte (N de Ferrol).

Para integrar este patrimonio en el circuito turístico, es necesario ponerlo en valor. lo que implica una adecuada gestión mediante la administración de los recursos, transformando los bienes culturales pasivos en elementos activos, generando ingresos económicos que contribuyan a su conservación. Se trata de obtener una simbiosis: el Turismo aporta los recursos necesarios para la conservación y protección del patrimonio, y la arqueología proporciona riqueza cultural e histórica a los visitantes, creando economía entre la población local (Trigueros Boto, 2016).

Para una gestión adecuada de los recursos, aunque existen catálogos oficiales, sería ideal que las comunidades locales contasen con su propio catálogo de bienes que recogiese tanto el patrimonio subacuático, como el marítimo y militar relacionado con la costa, así como los aspectos etnográficos del patrimonio marinero, así como también el patrimonio inmaterial.

Fig. 2 Castros Costeros del Golfo Ártabro Norte.
Fig. 2 Castros Costeros del Golfo Ártabro Norte.

Por eso, la primera pregunta a hacerse sería: ¿Cuánto patrimonio cultural marítimo tenemos? Para el caso de nuestro entorno, es inmenso. Más de medio centenar de yacimientos de diverso tipo y cronología jalonan el territorio.

 

LOS CASTROS DE LOS ÁRTABROS

La afluencia es tal que incluso podría pensarse en articular redes temáticas de yacimientos arqueológicos por crono-tipología. Así podríamos estar visitando una atractiva ruta de castros costeros5 del populi de los Artabri /Trasanci. Para ello tenemos más de veinte situados en ámbito marítimo, y ninguno puesto en valor para su visita, uso y disfrute6. En este caso, las características físicas del yacimiento, la tradición historiográfica gallega, y el peso en el imaginario colectivo de los castros en el territorio, hacen que sea un elemento muy atractivo para la sociedad, visto como el origen de sí mismos como colectivo.

 

PORTUS MAGNUS ARTABRORUM

Otra red temática podría articularse entorno a los yacimientos romanos del golfo Ártabro, para los que tenemos en este territorio una docena de ejemplos, algunos tan interesantes como la factoría romana de Cariño, en Ferrol (Vázquez Gómez & Sanclaudio Santa Cruz, 1996), la villa de Noville, o los yacimientos romanos de la ensenada de Sa nta Lucía, en Mugardos (Carlsson-Brandt Fontán et al, 2016). Es especialmente interesante esta temática, por cuanto son yacimientos volcados al ámbito costero, y con valores, tanto económicos como de ocio, fácilmente comprensibles por la sociedad actual.

Fig. 3 Yacimientos de época romana en el Golfo Ártabro Norte
Fig. 3 Yacimientos de época romana en el Golfo Ártabro Norte

 

ÉPOCA MODERNA: LA COSTA FORTIFICADA

Sin duda uno de los elementos más potentes en cuanto su aprovechamiento como patrimonio cultural marítimo son las fortificaciones costeras de época moderna situadas en la zona. Organizadas para defender el puerto de Coruña y Ferrol, y los surgideros cercanos, empiezan a construirse desde finales del siglo XVI, hasta finales del XVIII, llegando su uso a mediados del siglo XX (López Hermida & Yáñez Rodríguez, 2022). Su grado de conservación y espectacularidad contrastan con el abandono y poca atención que se les ha dado hasta tiempos recientes. En este caso, a tratarse en su mayor parte de patrimonio edificado, convendría un plan de rehabilitación coordinado de las mismas, liderado por algún organismo supralocal, debido al alto coste que suscitaría.

Lógicamente, convertir un yacimiento arqueológico en producto turístico requiere un complejo conjunto de elementos añadidos e interrelacionados: La preparación de la infraestructura necesaria para la visita (puesta en valor del bien), una adecuada actividad hostelera (y proveedores adecuados y de calidad para los mismos), la producción de bienes y servicios adecuados para adquisición de los turistas (suficiente oferta cultural, productos locales, guías y actividades complementarias…). Aquí trataremos sobre uno de los grandes condicionantes previos de estos elementos, y que afecta no solo al visitante sino a la población local: la accesibilidad al patrimonio cultural marítimo para el público y/o turista interesado.

Fig. 4 Fortificaciones costeras del Golfo Ártabro Norte
Fig. 4 Fortificaciones costeras del Golfo Ártabro Norte
Fig. 5 Castillo de San Martín (Mugardos) visto desde una perspectiva marina.
Fig. 5 Castillo de San Martín (Mugardos) visto desde una perspectiva marina.

 

ACCESIBILIDAD: TIPOS DE YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

Como ya han apuntado otros investigadores, la difusión del patrimonio es una herramienta indispensable para favorecer la conservación y la gestión de los bienes arqueológicos (Pérez-Reverte, 2020: 4). El hecho de que un pecio, o un conjunto de materiales sean conocidos por la propia comunidad donde están inscritos, implica de alguna manera que ayuden y participen en su protección.

Pero por otro lado, accesibilidad que tiene el gran público al patrimonio cultural marítimo marca enormemente la problemática y estrategias de su promoción, el modelo de gestión y la visita, tanto por parte de la comunidad, como del visitante al territorio.

Es sin duda uno de los condicionantes de los yacimientos arqueológicos situados en ámbito marítimo. Todos ellos ofrecen puntos fuertes y débiles, condicionados por la ubicación en que se encuentran, y que al mismo tiempo todos aportan un plus en su perspectiva desde el mar.

Naturalmente la prioridad a la hora de considerar el acceso es la conservación del bien y la propia seguridad del visitante. Aunque algunos de los yacimientos por su ubicación tengan problemas de accesibilidad, se debe garantizar la protección a las visitas y de ser necesario, aportar la vestimenta y equipamiento especial necesario para la misma, cuando se crea conveniente.

El acceso a personas con movilidad reducida a estos bienes es otra cuestión que requeriría programas de investigación propios, aún por hacer. No es posible alterar la configuración de un elemento patrimonial único y no reproducible sin afectar a su conservación. Por eso sería necesario velar en cada caso por el establecimiento de todas las medidas posibles para favorecer que cualquier persona, con independencia de su condición física, pudiese acceder de la mejor forma a estos bienes (nuevas tecnologías, nuevo diseño de soportes físicos, etc), de modo que, sin comprometer la conservación e integridad del bien, pueda ser disfrutado por la mayoría.

Fig. 6 Yacimiento romano de Santa Lucía (Mugardos) Autor: Erik Carlsson--Brandt Fontán.
Fig. 6 Yacimiento romano de Santa Lucía (Mugardos) Autor: Erik Carlsson--Brandt Fontán.

Así en cuanto a su accesibilidad podremos distinguir tres tipos de yacimientos: Costeros, Intermareales y Subacuáticos7.

 

YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS COSTEROS

Los yacimientos arqueológicos costeros tienen una accesibilidad de tipo alto, ya que puede accederse por casi todo el público desde la costa. La ventaja que tienen es su ubicación en un entorno marítimo, atractivo, como dijimos y que realza los valores patrimoniales del propio bien.

No obstante, suele mejorar su comprensión e interpretación cuando la accesibilidad al mismo se hace desde la lámina de agua, ya que son bienes cuya ubicación suele ser determinante en su origen y funcionalidad y no son comprensibles sin entender este aspecto de los mismos. Esta opción se resuelve con facilidad con embarcaciones de casi cualquier tipo, que permita el acercamiento desde el mar.

Fig. 7 Yacimientto arqueológico subacuático de Punta Fornelos (Ferrol)
Fig. 7 Yacimientto arqueológico subacuático de Punta Fornelos (Ferrol)

Los yacimientos arqueológicos intermareales son aquellos visitables en periodo de bajamar que quedan total o parcialmente cubiertos con marea alta. Son yacimientos en constante peligro por la degradación paulatina que implica su ubicación actual. Estos yacimientos se pueden clasificar con una accesibilidad de tipo medio desde tierra, tan solo unas horas determinadas por día (bajamar). No obstante, con la planificación y ropa adecuada, ofrecen también una visita sorprendentemente diferente, en la que también se pueden combinar con la visita la difusión de los valores medioambientales y de explotación artesanal de recursos marinos del entorno.

Plantean también una dificultad media en su perspectiva marina, ya que su acceso se debe realizar en pleamar y con embarcaciones especiales, de poco calado, ya que suelen ubicarse en aguas someras, lo cual a priori los hace menos atractivos para su visita, desde el punto de vista turístico.

 

YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS SUBACUÁTICOS

Los yacimientos arqueológicos subacuáticos tienen una accesibilidad baja, debido a la necesidad de tener unas técnicas y un equipamiento determinado (equipo de buceo) para acceder a los mismos, con lo cual no toda la sociedad está capacitada para visualizarlos en el lugar en el que se ubican. En ellos se da también la paradoja de que no son visibles desde una perspectiva marina, pero igualmente la mayoría tampoco son accesibles sin una embarcación de apoyo que nos transporte al sitio donde se ubican. Vamos a centrarnos en este último caso, por la dificultad que suscitan.

 

PATRIMONIO CULTURAL SUBACUÁTICO

El turismo subacuático es un turismo de creciente demanda. Suelen ser grupos organizados, con pensión completa en la localidad a la que se desplacen. Es un turista interesante, en tanto en cuanto suelen ser personas de situación económica media o media—alta (que se puede costear un equipamiento de buceo y el viaje para disfrutar de su hobby) que dejan un remanente importante en el territorio que visitan. Suelen ir en busca de nuevas experiencias o visitas exclusivas que puedan sacarlos de la rutina del buceo en su localidad de origen.

Es por ello que encaja en este perfil una buena oferta en la que se incluya elementos del patrimonio cultural subacuático. Se ofrece una experiencia de buceo sobre restos arqueológicos únicos, en muchos casos naufragios, con la carga dramática que estos contienen, como tragedias marítimas que son.

 

ANTES DE DAR ACCESIBILIDAD A LOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS SUBACUÁTICOS

Los yacimientos arqueológicos subacuáticos son sitios genéricamente frágiles, ya que su deterioro se ha producido hasta un punto en que se han estabilizado en su nuevo medio, y la degradación de los mismos se ha reducido muchísimo, siempre en cuando sus condiciones no se modifiquen. Antes de dar accesibilidad a un elemento del Patrimonio Cultural Subacuático, no debemos olvidar que tratamos con un patrimonio único y no retornable, y debemos priorizar su protección a la accesibilidad al mismo.

Es por eso que habría que hacer siempre unas actuaciones previas, que normalmente no se suelen contemplar en un yacimiento arqueológico terrestre (muchas veces por resultar innecesarias):

—Sería necesaria la catalogación e investigación previa antes de darle accesibilidad al público.

—Tendría que ser prioritaria la conservación del sitio, al acceso al mismo.

Esto nos lleva al debate de si se debe platear la opción de dar acceso libre a cualquier elemento del patrimonio cultural sumergido o solo ofrecer un acceso restringido a yacimientos que a priori sean más “aptos” para su visita. Es decir, que hayan sido investigados y catalogados previamente y que no tengan elemento “frágiles” que puedan deteriorarse durante las visitas al mismo, especialmente las visitas libres.

Muchas veces, cuando se localiza un elemento propio del patrimonio cultural, una opción clásica de las administraciones locales es proceder a su rescate/extracción. Aunque el objetivo es bien intencionado y loable a ojos de la comunidad, porque permite su uso y disfrute por toda la población, estas acciones acaban desnaturalizando el bien. Lo extraen del contexto arqueológico en el que se había formado y el cual le daba sentido. Además, sin contar con los profesionales adecuados, no se suele extraer de manera adecuada, ni se conserva en las condiciones necesarias para evitar su deterioro. Lo más posible es que ese elemento primero pierda toda su información contextual, volviéndose científicamente inútil, y poco después desaparezca físicamente, no cumpliéndose la importante premisa de su conservación para generaciones futuras.

De ahí surge también una problemática que hemos llegado a denominar jocosamente cañones, anclas o incluso barcos “de parque” o “de rotonda”8: esas piezas acaban depositándose en algún parque o elemento urbano con una conservación muchas veces precaria, debido al coste de la misma, y normalmente sin una interpretación patrimonial adecuada, por lo que tampoco se cumple la premisa de accesibilidad a la información recopilada del bien. En muchos casos, si se sacan del mar sin tomar medidas para su extracción o un programa valorado de mantenimiento posterior, pueden terminar también entre los fondos de algún museo, pero sin posibilidad de conservación.

En este sentido conviene recordar la recomendación de la UNESCO en la Convención 2001 sobre la protección del patrimonio cultural subacuático: la conservación in situ de los restos como opción prioritaria. No solo para garantizar su conservación, sino porque su ubicación es lo que da sentido y contexto al elemento, y genera al mismo tiempo un polo de atracción para el buceo recreativo9

A veces la puesta en valor de un yacimiento pasa por acciones intermedias y de bajo coste, como las visitas guiadas por la costa en la que se han producido los naufragios, o la señalización a pie de costa. En este sentido experiencias como la de la playa de Bakio en Bizkaia (Matés Luque, 2013) ayudan a que el transeúnte o turista conozca que en la zona se encuentra un yacimiento arqueológico, facilitando así su difusión.

Otra solución a la accesibilidad de los yacimientos arqueológicos subacuáticos sería el uso de dispositivos móviles, verdaderas herramientas unipersonales a través de las cuales podemos acceder a cualquier información digital. A través de códigos QR se puede acceder a modelos fotogramétricos de yacimientos o a verdaderos catálogos virtuales de piezas arqueológicas. Esta opción superaría la limitación de la capacidad o no de acceder al medio subacuático, si bien la experiencia no alcanzaría el mismo grado de intensidad ni interpretación como poder acercarse al propio sitio subacuático.

Actualmente las nuevas tecnologías, y sobre todo la fotogrametría y sus múltiples aplicaciones10 pueden ofrecer experiencias al alcance de cualquier visitante de un entorno costero sin necesidad de otra infraestructura que un dispositivo móvil con accesibilidad a la red. La técnica de representación tridimensional está tan avanzada que ya podemos hablar de verdaderos museos virtuales, con ejemplos muy conocidos como el British Museum11 o menos como el Museo de Pontevedra12, o para entornos subacuáticos el Underwater Museum13, de Malta.

Otra opción a explorar en el futuro es la implementación de técnicas de realidad aumentada para la visualización de patrimonio cultural subacuático o intermareal en un entorno real, sin tener que sumergirse (Esclapés et al., 2013). Algunas de estas experiencias están actualmente en desarrollo desde la Universidad de Cádiz, en el denominado proyecto TIDE14.

Este tipo de soluciones lleva también intrínseca una problemática de mantenimiento. Es necesario conservar en buenas condiciones no solo el bien arqueológico sino también las herramientas de difusión (que el soporte del código QR se mantenga visible y en buen estado, el software donde se encuentran los datos, accesible y los propios datos, ya sean de tipo gráfico o textual, siempre actualizados).

 

MUSEALIZACIÓN IN SITU

La otra opción posible para dar accesibilidad al PCS es la musealización in situ.

Las ventajas que ofrecen estos yacimientos es que se facilita el buceo en los mismos, ofreciendo una interpretación patrimonial satisfactoria, que sirve para tener una experiencia significativa y de aprendizaje, además de complementar la actividad lúdica del buceo.

Existen ejemplos y experiencias en diversos países, como Italia con el Baia archaeological underwater park15, Israel con el Cesarea underwater park16 con la creación de parques arqueológicos subacuáticos cuya inversión ha acabado creando un motor económico local donde se implantan. Si bien es cierto que la infraestructura necesaria es grande y la apuesta por parte de la administración debe ser decidida, asumiendo con ello con un coste de mantenimiento relevante.

La musealización de pecios también es una apuesta común en otros países, que pretende facilitar el acceso a unos restos únicos y diferentes. En este sentido musealizarlos permite la creación de puntos reconocidos y vigilados de buceo, generando incluso por si mismos actividades de turismo subacuático.

Uno de los países que va acumulando más experiencias en este sentido es el vecino Portugal. Allí se han creado itinerarios subacuáticos en Las Islas Azores17con numeroso ejemplos de pecios históricos visitables: o en Algarve, en torno a los restos del naufragio del Ocean, un pecio francés del siglo XVIII y en el Faro A, un pecio del siglo XVII, y se continúa con experiencias más encaminadas al buceo de pecios como los cuatro cascos visitables del Ocean revival18.

En este sentido Galicia cuenta con espacios con gran potencialidad, en lugares fáciles y protegidos de la zona interior de las rías, en los que podrían iniciarse proyectos entorno al patrimonio cultural subacuático, como por ejemplo la bahía de San Simón, donde sucedió en 1702 la famosa Batalla de Rande, cuyos pecios ya “visitaba” el capitán Nemo en las 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne. Otros pecios como la Hermine en Cangas, o el pecio de la Ragazzona, en Ferrol, podrían ser buenos candidatos para su musealización, tras su estudio e investigación, como hemos apuntado anteriormente (Fernández Abella, 2021).

Fig. 8 Cú da Raiña (Mugardos).
Fig. 8 Cú da Raiña (Mugardos).

Volviendo al patrimonio cultural marítimo, existe otra apuesta por explorar que podría hacerse tanto por la costa como en embarcaciones, que sería la promoción de rutas y expediciones19. En este caso, sería fundamental la actividad del guía, que apoyado con una infraestructura mínima pudiera hacer una interpretación del paisaje significativa para el visitante, incluyendo también dentro de las rutas, puntos con relatos atractivos y bien conocidos20 (Abilleira Crespo, 2019). Esta actividad, nos enlazaría el paisaje cultural marítimo con los elementos históricos relevantes que lo han frecuentado y moldeado a lo largo del tiempo.

Por último, y como cierre de estas reflexiones acerca de la rentabilidad de este patrimonio cultural marítimo, antropizado y con importantes valores histórico— arqueológicos, no debería dejarse de lado la palabra. La toponimia y talasonimia presente en todos los entornos marítimos. Su uso y disfrute durante un viaje sirve para conocer el cómo y porqué de los topónimos, especialmente si se puede dotar uno de una perspectiva marina. Esta talasonimia al igual que la toponimia “terrestre” está en franca pérdida por el cambio de usos y costumbres en nuestra sociedad: cada vez hay menos marineros profesionales de bajura, que mantenga y conozcan los bajos, fondos y accidentes costeros que antes era de obligado conocimiento para su sustento.

Además, si el estudio sirve para la localización de yacimientos arqueológicos, no solo costeros, sino también subacuáticos (Ferreira Domínguez & Fernández Abella 2016) como por ejemplo O “Cú da Raíña”, donde embarrancó el navío que traía a Mariana de Neoburgo en 1690, y el punto primero donde la futura reina pisó “tierra” en Galicia (Casás Ferreño 2002).

 

CONCLUSIONES

El uso turístico de los bienes integrantes del Patrimonio cultural marítimo en el caso de aplicarse una gestión adecuada, genera una serie de beneficios al entorno natural y poblaciones locales que lo disfrutan. Parte de estos beneficios podrían reinvertirse en la conservación y mejor conocimiento del bien y de su entorno, mejorando igualmente con ello la valorización por parte de la sociedad local y la concienciación hacia su protección. Sin una planificación adecuada del uso social y económico del yacimiento arqueológico, puede resultar en un menor respeto por parte de los visitantes y la población local por la propia integridad del bien (Xicarts 2005). Como hemos visto, uno de los elementos clave que condiciona en este caso a los elementos patrimoniales tratados es la accesibilidad, a veces limitada, pero que al mismo tiempo es fuente y motivo de su mayor atractivo por parte de los diversos visitantes interesados. El proponer soluciones o alternativas para su visita, y la valorización de los mismos, pueden generar un recurso turístico arqueológico de gran éxito, si bien no hay que olvidar que el interés científico, el grado de conservación y su adecuada preservación, su localización y la capacidad de generar una gestión específica que articule una oferta de servicios en torno al bien patrimonial, son determinantes para el éxito de cualquier propuesta a plantear (Moreno Melgarejo & Sariego López 2017).

 

BIBLIOGRAFÍA

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  • Casás Ferreño, M.B. (2002) A viaxe da raíña Mariana de Neoburgo (1689-1690): festa e relación de sucesos. Cátedra: revista eumesa de estudios, nº 9, 305-336.
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  • Tresserras, J. (2004). El arqueoturismo o turismo arqueológico: un paso más para la valorización del patrimonio arqueológico. Portal Iberoamericano de Gestión Cultural. Boletín GC nº9: Turismo arqueológico.  (Última consulta 19/03/2022).
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NOTAS

  1. Este artículo está basado en una conferencia realizada en el marco del seminario técnico Sitios culturais e xacementos arqueolóxicos na costa de Galicia, promovido por el Grupo de Acción Local do sector Pesqueiro (GALP) Golfo Ártabro Norte el 17 de Septiembre de 2017. Un póster sobre la misma temática fue presentado en 2018 en Lisboa, en las III Jornadas de investigación en Historia y Arqueología marítimas. ↩︎
  2. Plan de investigación y promoción turística llevado a cabo por la Diputación de Pontevedra a través de un convenio con el Ministerio de Fomento: https://www.depo.gal/es/xacementos (último acceso 24/02/2020). ↩︎
  3. Para una visión de las ofertas de turismo marinero de la Xunta de Galicia consultar: https://www.turismo.gal/que-facer/turismo-marineiro?langId=en_ES (último acceso 25/02/20). ↩︎
  4. Aunque se presta a debate, incluso por nosotros mismos, hemos tomado en este caso el concepto de un modo reduccionista, identificándolo con patrimonio cultural costero o inmediato a la orla costera, aunque como se verá en la figura hemos añadido algunas excepciones por su evidente relación funcional o de control/visibilidad, con el entorno marítimo. Ello no modifica sustancialmente cualitativa ni cuantitativamente los datos aportados en este texto. ↩︎
  5. Asentamientos fortificados de la Edad del Hierro / época romana. ↩︎
  6. En otro foro ya se ha puesto de manifiesto la adecuación de un castro marítimo en de Lobadiz, situado en Ferrol, para un puesta en valor a través de un programa de investigación difusión y promoción turística en un entorno con muchas capacidades y ventajas para ello (Perales Pérez, 2018, Fernández Abella & Trevín Pita, 2018). ↩︎
  7. Intermareales y subacuáticos entrarían dentro de la definición de Patrimonio Cultural Subacuático de la convención UNESCO 2001. No así los costeros, que entrarían dentro de la categoría (y legislación) del patrimonio cultural terrestre. Si bien hay que matizar que en la ley del Patrimonio Histórico español y en la Ley de Patrimonio cultural de Galicia 5/2016 (Art. 93 y 102) o se distingue a efectos de su definición y protección si está dentro o fuera del agua. ↩︎
  8. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/somosmar/2021/06/16/buque-alfageme-oxida-rotonda/0003_202106V16C3991.htm (último acceso: 03/04/20). ↩︎
  9. A este respecto fue reveladora la conferencia de la conservadora-restauradora Diana Blanco Patiño en el marco de las IV Jornadas de Historia y arqueología marítima en Ciudad de Viveiro, titulada: “La Necesidad de Alternativas de estudio en los Materiales in situ. Criterios de Conservación-Restauración”. Mayo de 2021, en la que trata ampliamente los protocolos de conservación de los materiales en su contexto, así como las pautas a seguir en caso de encontrarse con estos bienes durante una inmersión. ↩︎
  10. La visualización de planimetrías 3D de yacimientos o piezas que se pueden encontrar accesibles en portales gratuitos, vídeos, o cualquier otra herramienta de divulgación basada en las nuevas tecnologías. ↩︎
  11. https://sketchfab.com/britishmuseum. (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  12. https://sketchfab.com/museodepontevedra (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  13. https://underwatermalta.org. (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  14. https://www.tide-atlantic.eu. (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  15. https://www.parcoarcheologicosommersodibaia.it/?id_lingua=en (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  16. oceanrevival - YouTube (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  17. Una revisión rápida del catálogo se puede hacer en http://mpas-portugal.org/azores/underwaterarcheologicalparks/ (último acceso 25/02/20). ↩︎
  18. http://www.oceanrevival.org/en/ (último acceso 02/03/2022). ↩︎
  19. Ruta de la Armada Invencible, expedición Malaspina, etc. ↩︎
  20. Como podría ser el varado del navío inglés HMS Howe (Jar Torre, 2016), o el punto de hundimiento del submarino alemán UC-48 ↩︎

 

 

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