Pino do país

19/04/2013, José López Hermida

En el mundo existen alrededor de ciento diez especies de pino, distribuidas por la mayor parte del hemisferio norte, desde Escandinavia y Alaska hasta algunas regiones ecuatoriales como Sumatra. Siete de estas especies son originarias de la Península Ibérica y zonas aledañas, y han sobrevivido y se han desarrollado desde tiempos remotos. Según el segundo Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1752, solo alrededor de un 5% del suelo agrícola de Galicia era suelo forestal, y de este solo un 2% correspondía a pinares. En una economía de subsistencia los campesinos tenían mayor necesidad de terrenos dedicados a matorral (del que obtenían cama para el ganado y estiércol), al cultivo de cereales (lo que se denomina cavada o estivada, roza en Cobas) y al pastoreo que al aprovechamiento forestal. El régimen de tenencia de tierras y los foros repercutieron negativamente en la conservación del arbolado y en su recuperación. Paulatinamente se fue produciendo una recuperación de los bosques llegando a multiplicarse por ocho la superficie forestal a mediados del siglo XX.

 

Inicialmente el pinar no estaba extendido en Galicia salvo pequeños enclaves en zonas marítimas (pinis marítima) y en zonas orientales del territorio. Debido a su rápido crecimiento fue muy empleado por el campesinado gallego para repoblaciones forestales de carácter ventureiro, mediante ejemplares aislados dejados en el monte para diseminar las semillas y repoblar el entorno.

 

Aunque podría pensarse que el conocido coloquialmente como pino do país estuvo en Galicia toda la vida, se cree que se introdujo en la zona costera gallega, procedente del Norte de Portugal, en los siglos XVII y XVIII y debido a la demanda de embarcaciones, cajas, envases y barriles creada por la naciente industria de las pesquerías y la salazón introducida por vascos y catalanes. Dado que es una especie frugal y rústica se adapta muy bien al medio gallego por lo que su cultivo se extendió ampliamente llegando a ocupar una superficie de hasta 600.000 Ha.

 

Nuestro piñeiro do país pertenece a la especie Pinus pinaster, especie natural de la fachada atlántica y de la región mediterránea occidental. Presenta dos subespecies: la atlántica, que ocupa el norte de Portugal, el noroeste de España y las Landas Francesas1 hasta el norte del estuario del Garona; y la mediterránea, que ocupa el resto del área. Generalmente se desarrolla entre el nivel del mar y los ochocientos metros de altura. Puede llegar a ser varias veces centenario.

 

Los ejemplares jóvenes se reconocen por su copa piramidal, que con el tiempo se hace más reducida y redondeada; su corteza es muy gruesa y agrietada, sobretodo en la base, parda por fuera y rojiza por dentro; las largas hojas, de entre quince y veinticinco centímetros, están compuestas por dos agujas; y mide de veinte a treinta metros, talla que alcanza en terrenos profundos y de buena calidad. Es un árbol que se adapta a casi todo tipo de suelos, incluso arenosos o de poco fondo, aunque en terrenos de menos de treinta centímetros de espesor disminuye sus rendimientos, resiste las heladas y la sequía pero le afectan los vientos fuertes; y con vientos dominantes se deforma la copa.

 

En Cobas se sembraban mezclados pino, tojo y cereales, cuando se realizaban las rozas en el monte. En esta zona, entrado el siglo XX, se desarrollaba una rudimentaria industria familiar en la que el trabajo de aserrado se realizaba a mano en el mismo monte por personal especializado llegado de Portugal. Las piezas se asentaban sobre un burro o caballete que se fabricaba en el sitio donde iba a realizarse el trabajo, en función del lugar, fuese el monte o la casa, el tiempo a emplear y el trabajo a realizar. En ocasiones un simple muro era suficiente para colocar la pieza.

 

La madera así aserrada se destinaba al consumo de la zona. Más adelante, la energía eléctrica permitió que se instalasen aserraderos mecánicos por algunas familias procedentes de Miño y Puentedeume (Pérez y Veiga), creando una incipiente industria, uno de cuyos aserraderos sigue en servicio en la actualidad. Esta madera elaborada ya mecánicamente amplió su oferta, llegando a exportarse a puntos tan lejanos como Cataluña, Asturias, Valencia, etc.

 

Era una madera muy apreciada en la construcción para encofrados y otros usos, en la carpintería de ribera para la construcción de chalanas, en la minería para puntales de entibado de galerías, en la elaboración de cajas para fruta, etc.

 

Las tandas de corta solían realizarse cada 25 años, cuando los árboles alcanzaban un diámetro de unos 50-60 centímetros en las masas regulares y de hasta 80 centímetros en pies aislados o masas irregulares.

 

Pero no sólo se aprovechaba la madera: hasta mediados de los años sesenta del siglo pasado se recogían las piñas, que una vez ensacadas se llevaban a Ferrol para vender en las carbonerías y por las casas, donde se usaban en el encendido de las cocinas domésticas. Los sacos se transportaban en unos toscos carritos de madera de pino y ruedas pequeñas, que había que empujar en las cuestas arriba y en las cuestas abajo iban guiados por un conductor sentado en el suelo del carro, que para controlar la dirección se servía de unas cuerdas que permitían maniobrar el eje delantero a derecha o izquierda; para frenar se tiraba de un madero que rozaba en el pavimento hasta frenar el carro.

 

Hasta los años sesenta del siglo XX, el pino gallego fue una especie muy difundida en los montes del municipio de Ferrol y su comarca, aunque hoy es una especie con riesgo de extinción, reducido a pequeños pinares o a ejemplares aislados, debido a la competencia de otras especies foráneas más rentables, como el eucalipto o el pino insigne, y a los incendios. Además de ello, las repoblaciones forestales se hacen con esas nuevas especies más rentables.

 

El eucalipto es un árbol de crecimiento más rápido y con cortas de período más corto (10-15 años), teniendo además la ventaja de que puede aprovecharse el rebrote de los tocones.

 

El pino radiata, conocido vulgarmente por pino insigne, pino de Monterrey o pino de California, es una especie originaria de los Estados Unidos. En España se introdujo a mediados del siglo XIX por Lequeitio, para colonizar más tarde la cornisa cantábrica, especialmente Galicia y el País Vasco. A mediados del siglo XX la administración repuebla en Galicia grandes superficies. Por nuestra zona se introduce con las repoblaciones de Cobas (As Cabazas) y San Jorge, donde se pueden ver en la actualidad. Estas plantaciones fueron muestra del rendimiento de la especie, y constituyeron un vivero desde el que pasó a campos y tierras de labradío y jardines particulares. En su juventud se le reconoce por su copa piramidal, que pasa a aplanada o abovedada en la madurez. Tiene las ramas inferiores extendidas, el tronco recto con corteza gruesa de color pardo rojizo y hojas formadas por tres agujas de unos quince centímetros de longitud. Es una especie de gran interés para la industria, por la calidad de su madera y su rápido crecimiento, que da beneficio en pocos años. Su madera se aprovecha para pasta de papel, fabricación de tableros de aglomerado, embalajes de varios tipos, etc. Debido a las repoblaciones realizadas con pinus radiata o insignis se propagó por Galicia la plaga de la procesionaria, plaga típica del mediterráneo, a la que es muy sensible.

 

En Galicia existían otras especies, como el pino piñonero o manso (pinabeta), de copa aparasolada y que produce los piñones que se usan en alimentación. Se solía plantar como ejemplar aislado junto a las casas o pazos como árbol de adorno.

 

Aprovechando estos momentos de crisis, no sería malo, recapacitar sobre el maltrato que le venimos dando al monte y a la tierra, que, junto con el ganado, tanto nos han ayudado a llegar hasta hoy, y sacarlos del abandono con una puesta en valor, que pueda ayudarnos en nuestra cada vez más complicada economía.

 

Los rendimientos de cultivo del pino pinaster podrían aumentarse empleando métodos más racionales (marco de plantación adecuado apto para mecanización de labores) y a la realización de buenas labores culturales (podas, eliminación de la biomasa originada o mejor su uso para generación de energía), pudiendo aprovecharse el sotobosque para el pastoreo, así como para la explotación micológica, ya que las raíces del pino tienen una gran capacidad de formación de micorrizas.

 

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1 La región de Las Landas fue objeto de grandes repoblaciones forestales acometidas por el estado francés, dado que anteriormente esta zona era arenosa, continuación de la línea costera, con grandes partes pantanosas.

 

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