Isla de Santa Comba, Ínsula Selima, los poblamientos (parte 2)

15/04/2011, Miguel García Bañales

NOTA:
Viene de: Isla de Santa Comba, Ínsula Selima, los poblamientos (parte 1)

 

Los castros prerromanos

En la zona Ferrol-Narón-Valdoviño hay más de 40 castros, de diferentes tamaños; al colocarlos en el plano aparece una mayor densidad en las zonas de Valdoviño y Ferrol, quizás debido a lo menos abrupto y ser más productivo que el resto de la zona. En la costa hay 10 castros, diseminados excepto en la zona de Prior. Como decía en el artículo anterior, inicialmente parece una repoblación, como la que se hizo en la Reconquista de la zona de Astorga: poblamientos pequeños, a unos 2 km. de distancia entre ellos, situados en la altura para aprovechar los pocos recursos y defenderse, y todo bajo un mando, el repoblador. En los 40 castros, aparece de manera general: la cercanía a corrientes de agua, que están en las alturas, y que los hay de distintos tamaños (los podíamos agrupar en 100m. y 50m. de diámetro).

Imagen 35. Aljibe para agua de lluvia. (castro del Viña)

De los costeros tanto el de Lobariz (200x200), como el nuestro, tiene una fuente próxima y el de Lopesa (200x100) incluso la tiene en su interior; alguno se ha erosionado en el tiempo condicionando su poblamiento: de los tres citados, se han erosionado mucho el nuestro y el de Lopesa. El problema del agua, en principio fundamental, solían resolverlo con aljibes, que se abastecían de aguas de lluvia, con una canalización expresamente para ello: castro del Viña (imagen 35)

 

Al no estar escavados estos castros de Ferrol, desconocemos de qué época son, la densidad de población, su alimentación, sus armas, sus métodos de guerra, y otras muchas e interesantes cosas. Estas fortificaciones castreñas me recuerdan a la Edad Media, en especial la Zona de las Encartaciones (de Vizcaya), en el que las fortificaciones (castillos) se complementaban para la defensa, con otras menores (torres, como nuestros pazos), en un régimen feudal de dominio de un territorio y en una organización puramente defensiva. Estos feudales se pegaban continuamente entre ellos, especialmente, en las épocas de descanso de la Reconquista. Este super-entrenamiento les valía para ser muy codiciados para las batallas, y servían indistintamente según les pagaran. Militarmente, las fortificaciones de los castros son para una alerta permanente, no sólo de un enemigo externo, sino también interno: no puede tener otra explicación. Por lo que vemos, tenemos castros de cien y de cincuenta metros de diámetro, aproximadamente, aunque el perímetro es irregular, según el terreno. Lo habitual es que en los grandes tengamos un recinto amurallado que envuelve el poblado, y en su interior otro que envuelve la acrópolis (la croa) (Coaña, imagen 36); otra vez me recuerda la estructura medieval; la croa se parece, en su finalidad, a las torres de homenaje de los castillos medievales: la diferencia es la capacidad constructiva, diferente con los tiempos. Si así fuera, parece que la población no viviría dentro de los recintos sino que estaría esparcida y cercana al lugar de producción. Luego la estructura de los castros, de manera individual, parece más de dominio de un territorio por las potentes defensas y la poca población interior. El conjunto, de una zona en concreto, parece una organización defensiva superior, alrededor de un castro principal: podría ser el caso del nuestro, que aparentemente es un castro de gran tamaño. Hoy no podemos analizar todo lo anterior pues no sabemos cuántos son antiguos, Bronce final o anteriores, cuántos son del Hierro, cuántos son romanos, y dentro de estos cuantos son de carácter minero y cuantos puramente poblacionales: incluso cuando se abandonaron, en qué época y por qué.

Imagen 36. Castro amurallado (Coaña)

Hace años siempre se hablaba de la guerra como un resultado del conflicto entre dos culturas la ganadera y la agricultora por la diferencia en recursos, remarcando la ambición de los recursos, por los primeros sobre los segundos. La guerra, como fenómeno, parte del interés de uno sobre los bienes del otro y el empleo organizado de la fuerza para conseguirlo. Pero podemos entender como bienes, tal como lo vemos también en los anima les, las zonas de caza, de recolección, la alimentación (vegetal o animal), y, también, los humanos como esclavos, las joyas, etc.: luego la guerra procede de muy antiguo, y, por lo tanto, las fortificaciones también. No tienen porqué existir hoy, pues podían ser de madera.

 

Antiguamente nos presentaban las distintas épocas como bloques: empieza el neolítico, y ya se tiene la agricultura, la ganadería, la cerámica, el telar; la domesticación de animales y plantas no fue instantánea, luego no tuvo por qué ser instantánea la difusión. Normalmente las nuevas culturas proceden por invasiones de unos pueblos que la trasmiten y suelen desplazarse por falta de recursos o por conquista, buscando mejores zonas (los bárbaros en época romana, por crisis alimenticia): queda por ver si las diferentes culturas de piedra y utensilios no proceden también de carácter externo e invasivo, teniendo su perfección un carácter más de guerra que de cazador. La domesticación evoluciona, aproximadamente, así: perro (- 15.000 B.P.), cabra (-10.000 B.P.), centeno (-9.000 B.P.), vaca (-8.000 B.P.), lenteja, guisantes, trigo (-7.000 B.P.), cebada, mijo (-6.000 B.P.), caballo(- 4.000 B.P.). Luego la llegada a las nuevas zonas no tuvo que ser simultánea, sino debió de ser sucesiva, si se produjera en bloque sería, probablemente, por elementos humanos nuevos. Lo sabremos por las excavaciones y los restos que aparezcan. En Galicia hay restos de uro (bos primigenio), ciervo y jabalí (-8.000 B.P.), polen de cereales (5.500 B.P.), vaca, caballo, cabra, oveja (-3.000 B.P.).

 

Época medieval

En la excavación que se hizo en el castro, en su parte superior aparece restos de un poblamiento medieval (un muro), no está datado, que pena; del presumible poblamiento hablamos en el artículo anterior, y en el que dábamos como hechos ciertos, ya que están datados con carbono 14, un enterramiento de finales del VIII a.C., y otros del XII y XV. Esto acompañado por un sarcófago, probablemente mozárabe (siglos VIII o IX d.C.), por las referencias en el Tumbo de Sobrado del siglo XII, y por los libros parroquiales de finales del XVI, cuando dice que ya no es parroquia: lo que no significa que no estuviera habitada, aunque fuera de una manera residual. Las islas se utilizaron para pastoreo en fechas no muy lejanas, hay un topónimo entre las islas del Medio y de Fuera, que se llama “paso de o boi”. Es curioso que se habla siempre de la buena hierba, también sucede aquí en Castrillo: he visto a las ovejas que en cuanto se sienten liberadas, a la menor oportunidad, se dirigen a la zona del castro.

 

La ocupación medieval, sino es continuadora de la romana, pudo ser por algún monje mozárabe, quizás monja fundadora, de carácter eremítico: el aislamiento de la zona lo favorece. Incrementándose otra vez el poblamiento por la preocupación para defenderse de las invasiones vikingas (IX y X d.C.) y las actuaciones de Almanzor (finales del X), buscando nuevamente la seguridad. Aquí en la zona de Astorga la desaparición de estos “castros medievales” se produce entre el XIV y el XV d.C. (alguno antes, otros después), buscando la comodidad y porque ya no prima la seguridad, aunque el aspecto religioso influye mucho, resistiéndose a bajar al llano. De hecho seguirán enterrándose y bautizándose allí, a pesar de las amenazas y prohibiciones obispales, como aquí.

 

 

+Influencia de la erosión y clima en los poblamientos

Como ya había dicho, los asentamientos costeros anteriores al neolítico se han perdido por la subida del mar, sólo quedarán los interiores anteriores y los costeros e interiores de la época.

 

La erosión: la progresión, de la isla, es el paso de una península a una formación de cuatro islas, de las cuales la más externa hoy ha desaparecido, quedando de ella unos bajos que se ven cuando baja la marea (imágenes 10 a 15).

 

Restituir, lo anterior, se ha de hacer de una manera simple, pues influyen tantas variables, que sería muy complejo, como decía en el artículo anterior.

 

Con el trascurso del tiempo, parece que la cuarta isla, Sartaña (le llamo así por el islote Sartaña, que aparece en el plano), se va consumiendo poco a poco hasta épocas recientes, en que solo queda el islote. Sobre el V d.C. el bloque compuesto por la isla del Medio y la isla de Fuera se convierten en isla, y la isla do Toxo queda en el brazo peninsular. En el siglo XIII se rompe el paso a la isla de Fuera desde la del Medio, y ya en el siglo XVI se rompe el paso desde tierra a la isla Do Toxo.

 

Cuando dice romper, quiere decir que ya desaparece o se hunde la cubierta de tierra superior, quedando el derrumbe, que según sus características permitirá salvarlo mediante un paso de circunstancias, como puede ser de madera u otras (paso de o boi, acceso actual a la ermita). En estos pasos influirá mucho el nivel del mar, que como veremos será variable en función de la temperatura del clima. Como las fechas de rompimiento, son especulativas, vamos a ver las circunstancias del mar con los cambios de temperatura.

 

Mesolítico: desde que empieza el holoceno (10.000 B.P.), hay un clima frío con ciclos de húmedo a seco hasta el 7.500 B.P. Le sigue un clima cálido y húmedo, con ciclos de frío y calor hasta el 4.500 B.P. Como hasta el 6.000 B.P. el mar no está muy alejado de la zona (10.000 B.P., 6km.; 7.500 B.P.,1,5 km.), y tenemos los complejos lagunares, hay alta posibilidad de poblamientos, uno o dos, al lado de cada laguna. Siguiendo la estructura de población por lo que sabemos, incluso del siglo XX, en Galicia y el resto del norte, serían poblamientos pequeños hasta que por circunstancias se les lleve a la fortificación y por tanto a una organización defensiva, que lleva al agrupamiento.

 

Neolítico: suponiendo que a partir del Neolítico (5.500 B.P.) ya son asentamientos sedentarios, aunque cambien de lugar por agotamientos de los recursos (modo de explotación de la ganadería y la agricultura por las quemas de arbolado para crear pastos y zonas de cultivo): la posibilidad de abastecimiento del mar fijará aún más estos asentamientos. El topónimo medorras marcará la estabilidad: si se excava sabremos en qué fecha. Ya en esta época la necesidad defensiva pudo llevarlos al castro (Isla del Medio o la Do Toxo). El mar ya está al nivel de hoy.

 

Calcolítico y Bronce: desde esta época (5.000 B.P.) hasta finales del bronce (1.000 a.C.), tenemos ciclos de frío y calor cada 300 o 400 años, con alguna regresión del nivel del mar hasta -4m., la lejanía de la costa es pequeña por las características del relieve. Si en el 4900 B.P. se produce de forma violenta la invasión de las lagunas, no cabe duda de que la posibilidad de que se asentaran en la península es muy alta, y, además, lo llevará a convertirse en el lugar mágico del que hablaba en el artículo anterior. Si fue así, puede ser que a partir de esa fecha la peña (donde está la ermita) se convirtiera en una “pena do altar” con celebraciones religiosas, dando así al inicio de templos en la isla: en dicho artículo decía también de un templo romano posterior, cristiano más tarde.

 

Final Bronce, Hierro: el comienzo de la época, 1.000 a.C. es de un clima cálido, con un período frío en medio del ciclo, el Hierro, volviendo a ser cálido con la llegada de los romanos: el nivel del mar está como el actual, excepto en la época romana que asciende.

 

Romanos, Suevos, Visigodos: a consecuencia del calor en el II y I a.C. el mar sube, hay una transgresión, lo que conlleva el inunde de los puertos romanos (+1); esta fase tendrá su culminación en el siglo VI d.C (+3), que se abandona el poblamiento de Mugardos. A partir de VI d.C. vuelve a haber una regresión por el frío.

 

Medieval: hacia el s. VIII, al volver el calor (en esta época ya hay vid en el Reino Unido; al cerrarse el ciclo por el frío en el siglo XIII desaparecerá), volverá a convertirse en transgresión con el nivel del mar actual, hasta llegar al s. XIII. Finalizado este ciclo, baja el calor y se favorece la humedad, dándose las condiciones para que algo tan simple como la pulga, ayudada por esta humedad en su reproducción, produzca efectos tan dañinos en la propagación de la peste, en el siglo XIV.

 

Moderna, Contemporánea: desde ese momento anterior se enfría el ambiente, produciéndose ciclos de frío intenso, en especial siglo XVI, hasta los años 70 del siglo XX. Desde este momento hasta hoy se va calentando cada vez más el clima. Estos ciclos los percibimos en el tiempo, pues en los años cincuenta hubo un ciclo de frío, que hoy aquí, en León, se recuerda y se dice: “es que en aquella época nevaba más, que los ríos llevaban más agua, que no se secaban en verano”.

 

Influencia en el castro: volviendo al castro, la erosión lo lleva a estar en una isla, siglo v d.C.; la subida del nivel del mar conlleva la incomodidad del acceso; y unido, quizás, al interés de los suevos en prescindir de los castros, hace que se produzca un abandono temporal. La aparición del sarcófago, probable mozárabe, el enterramiento del viii, la ermita , y la isla, probablemente, llamada Selima del Siglo ix, nos habla de una nueva ocupación, que quizás sea el último nivel de la excavación. Esta parece que se perpetúa, era parroquia en el siglo xii, lo que puede significar que el paso de la isla Do Toxo a la del Medio se mantiene hasta el siglo XVI, hay un enterramiento del XV, y al romperse el paso a la isla Do Toxo, ya definitivamente se abandona, aunque sigue el interés en enterrarse y bautizarse allí: es lo típico, como he dicho antes.

 

El castro prerromano

El Hierro

En su momento, el castro prerromano, entendiéndolo de finales del Bronce (1.000 a.C.), hoy ya se le desplaza por el principio del Hierro, pluriculturalmente hablando (no sólo por el hierro, también cerámicas y otras cosas), que estaría en la península, seguramente se defendería en el istmo por muros, como dije en el anterior artículo: así se ve en el castro de Lobariz, con dos muros y un parapeto, también en el de Baroña (imagen 37), y, por lo tanto, no debieron de excavar para no facilitar la erosión.

Imagen 37. Castro de Baroña

Como el istmo hoy está desaparecido, no podemos concretarlo. La zona es una península formada por las islas de Fuera y del Medio, con un istmo de unos 100 m. de ancho, aproximadamente, y colocado no donde lo vemos hoy en la zona de aparcamientos, sino al norte del islote de Cardido, cerca de la isla do Toxo, y cogiendo parte del canal que separa la isla do Toxo: esta, en ese momento, es prolongación de la parte de tierra.

Imagen 38. Molino prerromano
Imagen 39. Distribución de un castro romanizado (Las Médulas)
Imagen 40. Estela (Coaña, pueblo). Se cristianiza con el nobre de Nuestra Señora

Cuando llegan los romanos el istmo se reduce hasta los 50m., y la isla do Toxo ya tiene una estructura peninsular (imágenes 14 y 15). La defensa, en general, es muy buena, y, como decía antes, se reforzaría con muros y parapetos en la zona del istmo; estos por la dirección de la erosión, que ellos conocían y preveían, tendrían cierta permanencia y se irían acortando a medida que avanzaba la erosión. En el centro de los muros, las puertas, y en ellas los cuerpos de guardia correspondientes.

El castro, a primera vista, tiene unas buenas dimensiones 400m x 250m, y con agua en el interior (Batufales) .500x300 (con un istmo de 200m.); dicen que aparecen restos de muros en las tres islas: parece, por lo tanto, un gran asentamiento (entre la mitad y tres cuartos del de Santa Tecla). Aunque si la población era pequeña la probabilidad de asentamiento en la isla do Toxo (de aquella, península) es grande, incluso la fuente de agua estaría casi en su interior. El dilema es para qué un castro tan grande que más parece un pueblo, ¿es tan importante? Es indudable que la romanización conllevará varias cosas, entre ellas la ampliación del poblamiento, no solo por el aumento de habitáculos domésticos (tanto en superficie, como en altura), urbanización, lugares públicos, edificios públicos, sino por el aumento de población por las mejoras en la producción tanto agrícola como ganadera, y, en nuestro caso, por la presencia de esclavos para los trabajos de minería y otras manufacturas, sino eran libres, como ya dije. También se producirá el cambio en las construcciones, pasando a casas rectangulares, como se aprecia en la excavación, que conllevará una mejor organización urbana, un mejor pavimentado de las calles y casas de carácter progresivo, y que culminaría con un alcantarillado, probablemente oculto debajo de un enlosado.

También la romanización llevará a la pérdida gradual de estructuras defensivas, por la estabilidad territorial, aunque ya a finales del III y IV d.C. se volverán a fortificar por miedo a las invasiones de los bárbaros.

Imagen 41. Cazoleta (Coaña)
Imagen 42. Cazoletas (Coaña)
Imagen 43. Cazoletas (Coaña)
Imagen 44. Cazoletas (Santa Tecla)
Imagen 45. Cazoletas (Londres)
Imagen 46. Cazoletas (Castro Mesa de Miranda, Ávila. Siglos V a I a.C.)

La estructura interna sería un poblamiento prerromano expandido en época romana. En el castro de Castrillo, del Bronce final, más tarde romanizado, aparece el castro de poca población interior, y hacia el sur un poblado desparramado en el exterior, fuera de la muralla. En el nuestro (ver castro de Baroña, imagen 37), sus casas serían circulares, principalmente, elípticas o rectangulares con las esquinas redondeadas. Lo característico de estas excavaciones será el molino prerromano (imagen 38) . Cada espacio privado, se remarcará por la separación de cada espacio doméstico con una calleja; tendría su zona de cocina, su almacén, su corral, su patio interior, así lo describe Mañanes, en su libro sobre las Médulas (imagen 39). En el aspecto religioso, con una deidad en piedra de carácter femenino y de forma circular, cristianizada le llamarán de Nuestra Señora (Coaña, pueblo, imagen 40), y con unas piedras de carácter votivo, conteniendo cazoletas; creo que sustituyen a las de las peñas, (imagen 41, Coaña, aquí también las hay en la ermita), pero ya de carácter privativo, y que presentan distintas estéticas en función del nº de cazoletas (Coaña: imágenes 42, 43; Santa Tecla, imagen 44): este último lo apuntan como un juego (imagen 45) . (Londres, juego romano); cuando yo era pequeño se llamaba “el catré”, “tres en raya”: no creo que sea de juego, sino de motivo religioso. A no ser que fueran morteros de uso por una o varias personas a la vez, de manera simultánea, pero parece más una modernización del uso votivo de la cazoleta, pasando de un uso colectivo externo a uno interior y privado, ya romanizado. Aunque se podía interpretar como morteros, pero lo sofisticado del trabajo de la piedra casi lo descarta al compararlo con uno múltiple (Castro Mesa de Miranda, Ávila V a i a.C., imagen 46). Este es muy parecido a uno descrito en el artículo anterior, de origen fenicio, hoy en el museo de Sevilla: en cada agujero llevaba un canto rodado para machacar mineral.

En la imagen 40 vemos una estela, que puede ser prerromana, de época romana, o, incluso medieval: en Cantabria hay varias prerromanas y romanas. La que vemos (al final del artículo) en la imagen 54 es de Barros (Cantabria); se cristianizó, no como en Coaña poniéndole el nombre de Piedra de Nuestra Señora, sino levantado una ermita con el nombre de Virgen de la Rueda en el lugar donde se encontraron, hay varias: a esta piedra, en particular, la cristianizaron con el nombre de “la rueda de Santa Catalina” (es el atributo que se le da a la Santa, se representa con una rueda). No se sabe si las estelas se hacen por motivos religiosos o funerarios: las medievales, que son más pequeñas, son siempre por motivos funerarios (los panteones de los ricos de la época, hasta que se entierran en las iglesias). Las más antiguas suelen tener en el centro motivos solares o lunares, incluso un agujero central: esto último me recuerda a la piedra de Reve, salvando el tamaño (disco con agujero en el centro).

 
Imagen 47. Sauna en el Castro de Coaña
Imagen 48. Piscina en el Castro de Coaña
Imagen 49. Piscina del Castro de Boal (hoy está en el Castro de Coaña)

Este poblamiento, teniendo agua, podía tener unas saunas (termas) prerromanas (como Pendia, Coaña, San Martí: imagen 47; sauna de Coaña: imagen 48; piscina de Coaña; piscina de Boal, hoy en el castro de Coaña: imagen 49); la pila, me recuerda las piscinas bautismales, del cristianismo primitivo, pero según parece su datación es anterior. El verlas rotas parece indicar que por alguna motivación religiosa, pagana o brujería, se rompieron. Hay quién le da a estas saunas un cierto rito de iniciación.

 

Por los historiadores romanos, de los pobladores prerromanos, sabemos: de sus pelos largos, de sus sayos negros, de sus bailes saltando, de su pastoreo de cabras, y del cultivo de cebada, que proporcionaba el consumo de cerveza. Alguno hoy apunta hasta rituales con el uso de adormideras. Curiosamente, aquí en Castrillo, cerca del castro, aparece estramonio que, seguramente, proporcionaba grandes alucinaciones, y que, en época medieval, se utilizaba para brujería.

 

El Bronce

Bronce final: la aparición en punta de Muros —el nombre lo descubre— (imagen 50) en Langosteira, al lado de Suevos, Coruña (el topónimo es muy indicativo de los Suevos), de un castro del IX a.C. de la edad del Bronce, cuyas construcciones tienen un zócalo de piedra, da un vuelco a la teoría del uso vegetal en los mismos; la estructura rectangular de los espacios domésticos con la presencia de calles y espacios públicos muestra una cultura superior a la castreña en el aspecto constructivo, tomando esta como circular, desordenada, sin infraestructura pública. Pero sí es concordante con los descritos en Las Médulas, del Hierro, pues se ve claramente la evolución (imagen 39).

Imagen 50. Castro en Langosteira del siglo IX a.C.

La presencia de varios hornos, que indica un espacio puramente metalúrgico, habla de un control de la tecnología, por lo que se protege el recinto con un muro, una muralla, de importantes dimensiones. Parece que estamos en una estructura defensiva, con poca población interna, lo que hace pensar en una estructura social de carácter feudal como en los castros prerromanos. El resto de la población viviría fuera del recinto y cercana a la fuente de recursos, y desperdigada en el territorio. Por la aseguración de la tecnología, parece que la sociedad impuesta, lo sería por el dominio de este tipo de armas, de bronce: así se debió de hacer también en el Hierro.

 

Aparecen en este yacimiento dos tipos de bronce: uno bronce viejo (cobre y estaño) y otro al plomo (cobre-estaño-plomo); el primero para uso de armas y herramientas, y el otro, que es más blando, para objetos de ornamentación y de carácter artístico. La importancia de Galicia, en la antigüedad, además del oro, viene también del estaño, mineral más escaso que el cobre, y para aquellas culturas exteriores muy importante para fabricar el bronce, por el agotamiento del propio y su escasez. Inicialmente, el cobre no está presente en la zona, aunque pudo haberlo, quizás de las piritas, luego su procedencia es externa, incluso pudo ser marítima. Pero sí tenemos el estaño, ya que así está descrito, en las cercanías de la península de La Coruña en 1783, donde había yacimientos de casiterita.

 

En esta época deben de aparecer los enterramientos, ya en cistas (fosa rodeada de piedras) parecidos a los que aparecieron en la ermita de Santa Comba (enterramiento, siglo XII, imagen 51). Estos enterramientos sustituyen ya a las medorras (mamoas).

Imagen 51. Cista del siglo XII (fosa rodeada de piedras) descubierta en las excavaciones de la Isla del Medio realizadas en el año 2001

 

Bronce inicial y medio: El Argar, Almería, aquí ya tenemos poblamientos fortificados, en los altos, y dominados por una aristocracia guerrera; los enterramientos se hacen en cistas, acompañados de alimentos: creen en el “más allá”. Las casas ya son rectangulares, que vienen de las circulares del calcolítico. La siembra de lino y de leguminosas, la recolección de olivas, el uso de regadíos y el abonado con estiércol, van a marcar esta época; como siempre, con la mejora de la técnica y mayor producción, resultará más población; el uso de leguminosas mejorará el aspecto productivo, al poder alternar las siembras con el cereal, no teniendo que estar en una fase improductiva, el barbecho. Este que parece intrascendente, desde el punto de vista sanitario, tuvo en épocas medievales y modernas una gran importancia, pues, al objeto de cumplir las acuciantes necesidades alimenticias, dejaron de hacerse, produciéndose una explosión del cornezuelo del centeno, que, al ingerirlo en el pan, producirá el Mal (el Fuego) de San Antón, del que ya hablé en el artículo anterior.

 

El Calcolítico

Lo que vemos en los Millares, Almería (imagen 52), ya pertenece al calcolítico (2.500-1900 a.C.). Son poblamientos fortificados, casas circulares con zócalos de piedra, silos en el suelo y hornos metalúrgicos; los enterramientos se hacen en túmulos de falsa cúpula. Innovaciones importantes son el arado tirado por animales, para remover la tierra antes de la plantación y de la siembra; el carro y la rueda, para facilitar el transporte; y la construcción de diques de contención y canales de agua. Y la gran innovación va a ser el uso del caballo para los desplazamientos.

Imagen 52. Castro en los Millares (Almería), del calcolítico (2500-1900 a.C.)/figcaption>

La muralla externa de piedra, con torreones a 15 m de distancia entre ellos., y recintos amurallados interiores, que se incrementa a medida que va creciendo el poblamiento: llegan a cuatro al final del mismo. Rodeado todo por 15 fortines en alto, en las colinas: uno de ellos con doble muralla, foso y varias viviendas en su interior. Como vemos aparece el dominio del territorio mediante pequeñas fortificaciones, que dependen de la principal, igual que habíamos presumido para los castros. Las armas de cobre no suponen gran avance respecto a la piedra pulimentada; pero la introducción del arsenicado del cobre, pseudo bronce, que da más dureza a las armas, supone una mejora que traerá nuevas invasiones.

 

Conclusión

Los ciclos se repiten: mejoras en la agricultura, más población; mejora en las armas, más dominio, que llevarán a la conquista de zonas mejores; para mantenerlas se hacen mejores fortificaciones, y, como consecuencia, se integran en un sistema defensivo superior. Alas zonas nuevas, como puede ser nuestro caso, al estar tan apartadas, obligatoriamente no tienen por qué llegar todas las culturas en el orden que se van produciendo, sino que pueden llegar mediante un salto de culturas, como cuando fuimos nosotros a América. Aunque también pueden existir y no haberse descubierto, como sucede con Langosteira.

 

Como ya vimos lo tenemos todo para que se den las nuevas culturas; la costa y las lagunas, para el neolítico y, fundamentalmente, el oro para las siguientes. Además, muy cerca, en Valdoviño, hay yacimientos de cobre nativo (puede ser el caso de Langosteira), piritas arsenicales y casiterita (estaño), metales para cubrir todas las culturas. Seguramente aquí en Cobas existirá un castro como el de Langosteira con poblamientos desde el neolítico al Bronce final de características aproximadas a los de Argar y Millares, adaptadas en tiempo y lugar a la zona. Lo más probable es que en la isla del Medio o en sus cercanías, acojan todos estos evolutivos asentamientos.

 

Isla de Fuera y del Medio, Selima

Ya en el artículo anterior hablaba de Selima, y las variadas especulaciones sobre su nombre. Una de ellas era selima del nombre vulgar de la salvia: una planta, en gallego sarxa (imagen 53). La salvia, planta mágica para los romanos —”si se muere tu salvia, te mueres tú”—, es la planta de la vida, es medicinal y, según dicen, tiene origen mediterráneo. Parece ser que el nombre selima es de origen andaluz (árabe) y así está descrita por el eminente botánico Ebn-el-Beithar que vive en Málaga en el siglo XII. La salvia es una planta medicinal para múltiples usos, desde la curación de heridas, a las dolencias de vías respiratorias, estomacales, intestinales y otras muchas. Las cofradías de los Mártires, San Cosme y San Damián, de fundación medieval, que se encargaban de los apestados, les daban para su curación un vinagre uno de cuyos componentes era la salvia —ver el artículo anterior—. En el texto hablamos del sauce, salgueiro —contiene el componente de la aspirina— y del sauco, sabugueiro; ambos tienen carácter mágico para los celtas. El sauco también se utilizaba como alimento, daba las flores para la noche de San Juan, y tiene un uso medicinal como depurativo, antinflamatorio, y tratamientos de la piel.

Imagen 53. Salvia. en gallego, sarxa. Planta mágica para los romanos

En la isla del Medio hay muchas salvias; según la toponimia antigua, que se conserva solamente en esta zona, en el entorno de Cobas sería un topónimo referente a la vegetación, así se refleja en aranxuez, como lugar de espinos: a la vista de esto, tendríamos lugar de selimas. La presencia de salvias le dará un carácter más mágico a la isla.

 

Si las salvias son de origen mediterráneo, ¿quién las trajo aquí? ¿Fenicios, griegos, romanos, bereberes o mozárabes?

De momento no lo sabemos. Encontramos topónimos como Esmelle (pueblo), Sulimán (peña), Val o nombres que aparecen en el Tumbo de Sobrado, como Mauricán y Muzo (siglo XII); esto anterior y los ya dichos, el enterramiento del siglo VIII, por sus características, así como el enterramiento mozárabe (sarcófago), hacen, junto a la referencia de la iglesia de la isla Selima, siglo IX, perteneciente a la parroquia de Cedeira, que sea muy probable que el topónimo “selima” corresponda a la, hoy, Isla del Medio, y de procedencia mozárabe: como referencia a lugar de salvias, su nombre sería equivalente a la “Isla de la Vida”.

Imagen 54. Estela situada en Barros (Cantabria)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTA: Imágenes de la primera parte del artículo
Isla de Santa Comba, Ínsula Selima, los poblamientos (parte 1)

Imagen 31. Podomorfo (oquedad con forma de pie, se notan las marcas de los dedos), acompañado de cazoletas, situado a unos 3 km. de Cabañas
Imagen 32. Podomormo múltiple
Imagen 33. Podomorfo (se pronuncia el rebaje del tacón)
Imagen 34. Escudo eráldico con abarcas. Navarra (siglo X)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Isla de Santa Comba, Ínsula Selima, los poblamientos (parte 1)

 

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