De faros y otras luciérnagas

13/06/2009, Mario Valdivieso Mateo

Al margen de la indudable utilidad de los faros como medios auxiliares para la navegación, estos han constituido desde su progresiva adopción una singular edificación sobremanera admirada y utilizada, en el siempre atractivo marco de su entorno litoral, como objeto de creaciones artísticas y literarias. Por su situación y cometido los faros han llegado a representar algo así como una especie de eslabón que enlaza los pensamientos del morador terrestre con las connotaciones y significados que muestra el mar en sus variables “estados de ánimo”, desde la calma total a la más virulenta tempestad. Atodo ello, además de la especificad técnica del faro, se añade el protagonismo, ayer mayor que hoy, del torrero o farero, a quien admiramos habitualmente por su gran responsabilidad, por la soledad que comporta su trabajo y por cierto componente mítico que suele atribuírsele.

Faros de Galicia en 1983

En la histórica Alejandría de la costa mediterránea de Egipto, donde hubo una gran biblioteca que fue pasto de la lumbre, existió también un gigantesco faro1 que comenzó a construirse en el último cuarto del siglo III a.c., terminándose treinta y ocho años después. Según Ibn-al-Sayj2 empezó la obra con una cimentación de 13,80 metros de altura, seguida por un cuerpo de 71,30 metros, un segundo tramo de 34,50 metros, un tercero de 9,20 metros, sobre el que emergía el último cuerpo, de 6,90 metros de altura, que alojaba una especie de cuenco donde ardía constantemente una gran fogata.

Dos terremotos en los siglos XIII y XIV, lo dañaron notablemente, hasta que quedó ruinoso. Fue en ese momento cuando el sultán Mameluco Quaitbay decidió construir el Fuerte de Qait Bei, utilizando los restos del propio faro.

Si la torre de Pharos fue considerada la tercera maravilla del mundo, el Coloso de Rodas obtuvo la categoría de séptima maravilla. Este monumento consistía en una enorme estatua de bronce de 33,5 metros de altura, apoyada en dos bloques a la entrada del puerto de Rodas, de tal forma que las embarcaciones tenían que pasar por debajo de sus piernas. Por el interior del cuerpo existían escaleras que conducían hasta un gran cuenco, sostenido por las manos del coloso, donde era mantenida una pira. Se cuenta que este coloso solo duró sesenta y seis años, pues fue derribado por un terremoto.

En nuestro país tenemos la torre de Hércules3 como el faro más antiguo. Se dice que marcaba el límite de la dominación romana. Destacaba la rampa espiral que, por el exterior, servía para transportar la leña que era utilizada para mantener encendida la fogata que, constantemente, señalaba la finis terrae , de noche con la luz y de día con el humo.

Han sido muchos los literatos que, con mayor o menor extensión, se sirvieron del faro para llevar a cabo alguna de sus creaciones. Entre los poetas quiero mencionar primeramente a Luis Cernuda de quien trascribo algún verso de una de sus mas bellas composiciones, que nombró Soliloquio del farero :

Cómo llenarte, soledad,

Sino contigo misma.

(…)

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,

Oigo sus oscuras imprecaciones,

Contemplo sus blancas caricias;

Y erguido desde cuna vigilante

Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,

(…)

Por ti, mi soledad, los busqué un día;

En ti, mi soledad, los amo ahora.

 

“En mi pueblo hay un Faro”, así denominó Neruda — amante él de mascarones, mares y amores — al poema que dedica “a tus ojos oceánicos”:

Faros de Galicia en 1883

a tus ojos oceánicos.

Allí se estira y arde en la más alta hoguera

mi soledad que da vueltas los brazos como un

náufrago.

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes

que olean como el mar a la orilla de un faro.

Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía,

de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes

a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.

Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas

que centellean como mi alma cuando te amo.

Galopa la noche en su yegua sombría

desparramando espigas azules sobre el campo.

 

Del autor de Las flores del mal, Charles Baudelaire, cito los cuatro primeros versos del poema “Los faros”:

Rubens, río de olvido, jardín de molicie,_

almohada de carne fresca donde no se puede amar,_

pero donde la vida afluye y se agita sin cesar,_

como el aire en el cielo y la mar en la mar.

(…)

 

Y de Ángel de Saavedra, el Duque de Rivas, una muestra de un largo poema dedicado al faro de Malta:

Envuelve al mundo extenso triste noche;

ronco huracán y borrascosas nubes

confunden, y tinieblas impalpables,

el cielo, el mar, la tierra:

y tú invisible, te alzas, en tu frente

ostentando de fuego una corona,

cual rey del caos, que refleja y arde

con luz de paz y vida.

En vano, ronco, el mar alza sus montes

y revienta a tus pies, do, rebramante,

creciendo en blanca espuma, esconde y borra

el abrigo del puerto:

tú, con lengua de fuego, “Aquí está.., dices,

sin voz hablando al tímido piloto,

que como a numen bienhechor te adora

y en ti los ojos clava.

(…)

 

Dentro de la literatura en prosa, hago mención de una obra del prolífico Julio Verne, que casi todos hemos leído de niños4, llamada El faro del fin del mundo, que se desarrolla en donde la mar hinca los dientes a su antojo, por los bordes agrestes del Cabo de Hornos, donde los torreros Vázquez, Felipe y Moritz viven episodios fantásticos…

Respecto de su ubicación, hubo y hay faros de especial relevancia, como el nuestro Finisterre —o Fisterra, como ahora es nombrado— que suele ser visitado por un considerable número de peregrinos que optan por “rizar el rizo”, ampliando la meta compostelana. Al pie del faro existe un salón de actos donde suelen llevarse a cabo recitales poéticos y otras actividades de índole cultural.

Contiguo al faro, en el edificio que estuviera destinado a semáforo, existe un exquisito hotel y restaurante.

En ese capítulo de los “finisterres”, no me resisto a nombrar a un Land's End británico en la punta meridional de Cornualles, en tierras del legendario Rey Arturo, donde no podía faltar su faro. No muy lejos existía el faro de Eddystone Rocks, al sur de Plymouth, construido en el año de 1698. Aun se tararea una canción dedicada al cuarto faro de Eddystone, construido entre 1756 y 1759.

Aquel faro se mantuvo durante 127 años. Posteriormente fuera desmontado y reconstruido en Plymouth Hoe. Así rezan los primeros versos de la canción:

My father was the keeper of the Eddystone light

And he slept with a mermaid one fine night

Out of this union there came three

A porpoise and a porgy and the other was me!

Yo ho ho, the wind blows free,

Oh for the life on the rolling sea!

 

Centro de arte Faro de Cabo Mayor

Aceptada la significación del faro y su entorno, y reconocido el detrimento de su importancia como señal marítima, toda vez que los buques disponen ahora de medios, cada vez mas perfectos, para determinar su situación, son muchos los lugares en los que se ha “reacondicionado” un determinado faro para otros usos, construyendo o adecuando instalaciones adosadas. Son varios los entornos litorales en los que, contiguo a un faro, se han montado centros de interpretación. A tal fin existe uno en Cabo Peñas, cerca de Gijón, en el punto más septentrional de Asturias, cuyo faro funciona desde 1852. En la planta se puede visitar el Centro de recepción de visitantes e interpretación del medio marino de Peñas, constituido por varias salas, una de las cuales está dedicada a la historia de los faros y a la vida de los fareros.

En las inmediaciones de nuestro Prioriño Chico están terminando de instalar otro centro de interpretación a pocos metros del faro homónimo.

La mágica atracción de los faros, ha sugerido servirse de su continente y entorno, para celebrar reuniones culturales y recitales poéticos. Pioneros en esta última aplicación han sido Rosa Méndez y Xosé Leira, organizadores de “Aulas no Camiño” —curso de Verano de la Universidad da Coruña, que dio comienzo en el mes de julio de 1995—, quienes, desde hace catorce, llevan realizando el recital poético, “Poemas e mar de fondo”, en una de las salas situadas bajo el faro de Fisterra, como epílogo de un camino académico jacobeo. Un recital en el que han participado algunos de los más reconocidos literatos gallegos seguidores de Erato y Euterpe, entre los que cabe citar a Manuel María, Bernardino Graña, Salvador García Bodaño, Eva Veiga… entre otros.

Siguiendo esa tendencia, la Autoridad Portuaria de A Coruña, también ha patrocinado recientemente en los faros de su responsabilidad, diversos recitales poéticos y musicales, añadida la edición de algunas obras que acogen historias y poemas relacionados con el mar, dentro de la colección “El Puerto y las letras”5.

En esta línea, no quiero dejar de mencionar el faro de Cabo Mayor, situado muy próximo a la ciudad de Santander, que sirve actualmente como Centro de Arte y representa además una importante contribución a la conservación del patrimonio arquitectónico de Santander6. El Centro de Arte Faro de Cabo Mayor cuenta con tres salas expositivas distribuidas entre la base de la torre del faro y sus edificios anexos. Estos espacios se complementan con ámbitos destinados a la didáctica, atención al visitante, gestión administrativa, almacenes, terrazas al aire libre y zonas ajardinadas.

Los faros constituyen un especial objeto de atracción para las mujeres. Conozco alguna que quiso hacerse farera cuando aun era necesaria, en la mayoría de los faros, la presencia de un cuidador (o cuidadora). Al respecto, informó la prensa hace algunos años de la intención de varias señoras para concurrir, en Madrid, a los exámenes para “Técnico en Señales Marítimas”. Desconozco el resultado, pero no me sorprendería que alguna dama controle el faro de sus sueños.

Los niños raqueros de Santander

Cuentan que, en otros tiempos, y en ciertos parajes de la costa, antes y después de que fueran instalados los faros, algunos vecinos ribereños se aprovechaban de los naufragios para “andar al raque” o “raquear” las mercancías varadas en los arenales. Esta actividad fue y aun es muy generalizada, constituyendo algo que no aparenta ser delictivo; sin embargo sí lo era el hecho de provocar naufragios para efectuar un saqueo posterior de la nave. Podríamos definir este delito como piratería desde tierra y apenas existen pruebas fehacientes de su intento y consumación.

Considero una falsedad la fábula, según la cual algunos ribereños de la “Costa da morte”, colocaban piras sobre la cabeza de las reses para desorientar a los incautos marinos. Dentro de las anécdotas recogidas, cito una algo inquietante, que se refiere a una plegaria que musitaban hipócritamente, en el siglo XVIII, los vecinos de las islas Sorlingas y que decía: “Te rogamos, Señor, no que ocurran los naufragios, sino que, si han de suceder, los guíes a nuestras costas.”

En la línea del raqueo pueden figurar también los saqueadores de pecios, los cuales disponen cada vez de mejores medios para hacer su agosto, sin que les preocupe demasiado la legalidad de su trabajo.

El calificativo “raquero” es muy utilizado, con una cierta intención insultante, en las costas cántabras. Parece proceder del inglés wrecker, que califica al saqueador de naufragios. También denominaban de tal guisa a los niños que solían merodear los muelles y poseían una gran destreza para bucear y capturar del fondo cualquier objeto o moneda. En memoria de aquellos críos existe un grupo escultórico en los muelles de la capital cántabra.

Los medios utilizados para obtener y proyectar un foco luminoso hacia el horizonte marino han evolucionado desde una simple fogata, alojada en un lugar visible por las embarcaciones, hasta los actuales faros servidos por corriente eléctrica y de funcionamiento desasistido y control remoto.

Durante casi todo el siglo XVIII los faros utilizaban hogueras de leña. Y a principios del siglo XIX comenzaron a utilizarse, comenzando en Francia, aceites grasos de colza y olivo7. En nuestro país, hasta bien mediado aquel siglo apenas existió atención alguna, por parte del Estado, para establecer y mantener faros en nuestro extenso litoral. De tal forma, que las necesidades más elementales que exigía la navegación, forzaban a instalar algunos puntos de luz, montados y administrados por particulares o entidades locales, que obtenían los medios cobrando impuestos a los buques que atracasen en los puertos inmediatos al faro. La situación era tan crítica que algunos gobiernos extranjeros formularon protestas oficiales, en relación con el atraso y abandono de nuestro balizamiento. Así las cosas, el General Espartero resolvió establecer en 1842 una Comisión de Faros, bajo la tutela de la Dirección General de Caminos Canales y Puertos.

A comienzos del siglo XX, era utilizado con profusión el gas acetileno, obtenido a partir de pequeños gasómetros de carburo de calcio. Para alimentar con ese gas los faros y boyas de Ferrol y sus costas, existía un gasómetro en Mugardos, en la zona conocida como el Baño. El acetileno, embasado en recipientes adecuados, era transportado por diversos medios a cada faro.

El primer faro electrificado de España fue el de Cabo Vilán. Comenzó a alumbrar, por medio de un arco voltaico, el 15 de enero de 1896. La corriente eléctrica procedía de un generador magnetoeléctrico Meritens, accionado por medio de correas que eran movidas por una máquina de vapor Weyler y Richemond, servida por una caldera tubular Thomas et Laurent.

Es obligado mencionar que, además de los destellos de luz que proyectaban los faros, para orientación de marinos, fueron instalados también medios acústicos para suplir las señales luminosas en casos de niebla densa. En el faro de Finisterre aun sigue funcionando una gran sirena que llaman “la vaca”, por emitir un sonido que imita al mugido de ese animal. En el de Prior se instaló una sirena eléctrica, audible a unas 7 millas, que funcionó entre los años de 1978 y 1993.

Respecto de la responsabilidad de los torreros, se me ocurre sacar a colación un hecho acaecido hace algo más de ciento veinte años, en Santander; concretamente en el faro de Cabo Mayor. Aconteció que la noche del 19 de enero de 1887, dos torpederos portugueses que navegaban a la altura de ese cabo, detectaron que se apagaran los destellos del faro, circunstancia que dieron a conocer. Esta anomalía, que fuera denunciada también por el Práctico, Tiburcio Ostocoechea, provocó un expediente, según el cual la luz del faro se apagara por “haberse roto uno de los pistones, quedando abierta la válvula de comunicación con el tubo superior del cuerpo de bombas”. Esto fuera manifestado por el Torrero Segundo, José Anciola, quien dijo también que, tras presentarse a su guardia, encontró “apagada la luz del faro y carbonizadas las mechas de la lámpara, por lo que avisó a los demás torreros y, con su ayuda, se colocó una nueva lámpara”.

Según la instrucción de aquel expediente, el Torrero Mayor, Esteban Ibáñez, aparte de no dar cuenta del fallo ni anotarlo en el cuaderno de observaciones “consignó que a las diez de la noche este se encontraba sin novedad, intentando hacer recaer la falta sobre el Torrero Segundo, que le reemplazó en el servicio de vigilancia”.

El Torrero Mayor ya había sido castigado el 3 de enero de 1868, por sustraer parte del aceite destinado al faro; y el 17 de noviembre del año siguiente, por falta de asistencia, se le castigara con 5 días de suspensión.

Por su responsabilidad en el apagón del faro de Cabo Mayor, el torrero Esteban Ibáñez fue expulsado del servicio8.

La costa de Ferrol está salpicada por varios faros, siendo el de Cabo Prior el más señalado. Esta faro lo identifican los navegantes por la apariencia GpD (1+2)B 15 segundos. Según indica un panel informativo instalado en el acceso al faro, su situación es: latitud: 43º 34,1’ N; longitud: 8º 18,9’ W. Su alcance, con visibilidad normal, es de 22 millas. Su altura sobre el nivel del mar es de 107 metros. En las costas gallegas, solo le supera el faro de Finisterre, con unos 140 metros.

En Octubre de 1974 se instaló luz eléctrica, por medio una lámpara de incandescencia de 1500 watios, servida por dos grupos electrógenos.

A finales del siglo XX, cuando se establece la Ley de Puertos, que dio lugar a la Autoridad Portuaria de Ferrol-San Ciprián, quedaron bajo esta entidad todos los faros comprendidos entre las rías de Ferrol y Ribadeo, y el de Prior fue remodelado con dos grupos generadores Deutz, destinados a servir a un nuevo sistema luminoso, compuesto por lámparas halógenas de 1 kw. En aquellas fechas dejó de necesitar la atención de los torreros, al establecerse un medio de control remoto, modernizado recientemente.

Faro de Cabo Prior

Como bisagra de la puerta de entrada a la ría de Ferrol, el faro del Cabo de Prioriño Chico comenzó a alumbrar en 1854. En 1918 se lleva a cabo un proyecto para dotarle de gas con destellador de llama desnuda, para lo cual se proyecta un generador de acetileno. En 1988 se le sustituyó la anterior apariencia por la que mantiene en la actualidad de 1 destello cada 5”.

El siempre irracional zarpazo del vandalismo hirió también a este faro, que sufrió en 1990 considerables daños, incluida la salvaje destrucción de la óptica y el destellador de acetileno. La reparación fue costosa y prolongada. En 1993 pasó a depender de la Autoridad Portuaria de Ferrol-San Ciprián y dos años después fue electrificado, instalándose un grupo electrógeno para suplir fallos en la red, montándose una lámpara halógena de 125 voltios y 1.000 watios. En ese mismo año, con motivo de la modernización de los equipos del faro, se procedió a su monitorización, estableciéndose un control remoto informático, centralizado en las oficinas de la Autoridad Portuaria, en el puerto de Ferrol. En la actualidad este faro ha adquirido la inmediata compañía del Puerto Exterior de Ferrol, que se encuentra comenzando su andadura.

La sutil presencia de la muerte, que tantos navegantes secuestró frente a estas costas, es recordada en una cruz situada al oeste del faro de Cabo Prior9. Con inferior mala fama que la cercana “costa da morte”, también Prior puede testificar una funesta lista de desgracias acaecidas “a su vista”.

Todo el Cabo Prior constituye un magnífico mirador para captar el esplendor de una puesta de sol en cualquier época del año, muy especialmente en el solsticio de verano. La estable agresividad de los peñascos que visten el cabo se contrapone con los rompientes del borde litoral, donde el mar se desespera en amenazas, pugnando inútilmente por ascender a la cumbre donde el faro señorea. Su interminable lucha nos admira y nos muestra la mala compañía que a veces es el mar, o la mar, que ambos géneros presume poseer.

Me retiro con un paseo por la creación, en un intento por percibir el etéreo diálogo que enlaza las soledades del navegante y del torrero, sintiéndome con salitre en los labios y arena bajo los pies:

PRECURSORES DE RECALADA, los ensueños

enseñorean todo el insomnio mío

con inspiraciones salobres y crujir

de bandazos recurrentes.

 

Ensueños que se recrean, imaginándome

en un rincón de nuestro Café,

con sobreviento de miradas largas

y horizonte plegado al sol.

 

Babor y estribor en vela,

el telégrafo y los guardines

vencen quejidos del candray;

compitiendo plenilunios

el faro adulto de Prior.

 

El piloto embriaga sonrisas

y las bielas persiguiendo

la escapada del cigüeñal;

al tiempo, huye por el codaste

el fanal del Prioriño Chico.

 

Rindiéndose la singladura,

en preludio de arribada,

hacia el abrigo donde el mar dormita,

donde tus ojos me abarloan sin maromas

a tu tejer y destejer.

 

Allende Segaño y la Marola,

la noche multiplica siluetas

y la milenaria Hércules

aprueba y solemniza.

 

Una advertencia de alborada

releva, en cotidiana tregua,

al tajamar de Cobas.

 

Bibliografía

PÉREZ ALBERTI, A. y ALDEGUNDE, O.: Por la senda de los faros. Un viaje de Ribadeo a Ferrol. Edit. Autoridad Portuaria de Ferrol-San Cibrao. Ferrol, s/f.

SÁNCHEZ TERRY, M. A.: Faros españoles del Océano. Edit. Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo. Madrid, 1987.

SÁNCHEZ TERRY, M. A.: Los faros españoles. Historia y evolución. Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Madrid, 1991

V.V.A.A.: Revista de Obras Públicas. Madrid, años 1860 a 1912.

 

 

Notas

1El faro estaba situado frente al puerto de Alejandría, en la isla de Pharos.

2El sabio musulmán Ibn-al-Sayj, nacido en Málaga en 1132, residió en Alejandría algún tiempo y efectuó un detenido estudio del faro de Pharos.

3Actualmente optante a ser considerado Patrimonio de la Humanidad.

4Quien no lo haya hecho, tiene un inaplazable placer por cumplir.

5El 13 de Marzo de 2008, según la prensa local, el Puerto de A Coruña presentó un disco de música y poemas en el Faro de Oza, siendo Rómulo Sanjurjo y Lino Braxe los autores de la música y del texto, quienes ofrecerían recitales en varios faros dependientes de la Autoridad Portuaria coruñesa. Así, en el incomparable marco del faro de Fisterra se ofreciera un recital para presentar el CD Luces no Atlántico , como inicio de un programa que, tras visitar otros faros señalados, culminaría en la Torre de Hércules en apoyo a su candidatura como Patrimonio de la Humanidad. En la presentación, celebrada en el faro de Fisterra, los artistas Braxe y Sanjurjo estuvieron acompañados en su recital por las poetas María Lado y Teté García.

6Para su rehabilitación se han considerado los siguientes aspectos:

—Recuperación del estado inicial del Faro como torre exenta, con la finalidad de reforzar su perfil costero.

—Compatibilización del Faro como ayuda a la navegación con su nueva función cultural, creando a tal efecto dos plantas en el tambor octogonal: la inferior dedicada a exposiciones y la superior al equipamiento técnico del propio Faro.

—Reconversión de los edificios de viviendas en salas de exposiciones, comunicándolos mediante una torre cilíndrica y la creación de terrazas/miradores escalonados que dan continuidad al recorrido.

—Tratamiento de los espacios exteriores a modo de jardín del arte . 7El aceite de olivo era el más utilizado en nuestro país, siendo purificado con ácido sulfúrico, mezclado al 2%.

8Gaceta de Madrid, 30 de noviembre de 1887. Número 334. Ministerio de Fomento. Reales Órdenes. Pp. 595 y 596

9En esta cruz existe una placa que recuerda al malogrado Javi, en octubre del 2001. Durante el pasado año 2008, como es habitual, hubo bastantes desgracias en los mares gallegos. Cerca de nuestras costas, también. Según mis recuerdos y consultas por los trillados caminos internáuticos, a principios de enero desapareció, y posteriormente fue encontrado muerto, el vecino de Ferrol José Javier Varela, de 39 años de edad, cuyo rastro se perdió mientras buscaba percebe en los rompientes de Doniños.

A mediados del mismo mes, a unas 30 millas de Prior, naufragó el pesquero Cordero , pereciendo Francisco Abella y otros cuatro marineros.

El día 23 de febrero un ciudadano informó a la Policía Nacional de Ferrol que había visto una cuerpo flotando cerca de la playa de San Xurxo. Tras un intento infructuoso de la propia Policia, fue avisado el servicio de Salvamente Marítimo de A Coruña, iniciándose el protocolo rutinario. El Guardia Civil Ramón González Cabaleiro, que exploraba con otro compañero, a bordo de una zodiac, cayó al mar en unas circunstancias que no parecían especialmente peligrosas.

Tras intentar subirlo al helicóptero Helimer , este lo perdió al soltársele el gancho de izado. Posteriormente fue hallado Ramón, ya cadáver, entre Cabo Prior y la Playa de Esmelle.

Un suceso de difícil comprensión.

 

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